GANAMOS: REELIGEN A LUIS ALMAGRO AL FRENTE DE LA OEA

Henry Constantin
Foto: Archivo de La Hora de Cuba

Una noticia buena, buenísima: en medio de la crisis del coronavirus, del millón de malas nuevas con que nos está saturando esta enfermedad, todavía pasa algo bueno: Luis Almagro ha sido reelegido como secretario general de la Organización de Estados Americanos.

La votación no fue nada apretada: 23 países por el sí a su continuidad, y 10 por el no. La una votación fue secreta, así que puede decirse que los diplomáticos, y sus gobiernos, hablaron con el corazón, más allá de las presiones en ambos lados que hubo. Pudo más el deseo de ver a un hombre decidido a limpiar América de dictadores, que la dependencia petrolera que ha puesto a algunas islas del Caribe a defender sin reparos ni principios al régimen de Maduro –enemigo declarado de Almagro. El petróleo, esta vez, perdió.

El secretario general de la OEA que más manos de cubanos y cubanas libres ha estrechado, el primero que ha usado su Twitter no para ensalzar dictadores y mentirosos de cuello y corbata sino para ponerles presión, el que ha levantado la voz para pedir libertad y respeto para los cubanos dignos que por serlo padecen en su país, el que abrió las puertas a un embajador venezolano democrático y auspició la auditoría electoral que desnudó las trampas de Evo, ese es Luis Almagro, y por todo eso era el mejor para estar ahí.

Antes de este hombre, la OEA era un cadáver costosísimo que solo servía para aburrirnos por televisión con sus tomas de postura sin postura, mientras decenas de funcionarios y embajadores de todo el hemisferio cobraban salarios espléndidos por gusto y disfrutaban del agradable clima de Washington desde uno de sus edificios más bellos.

Hoy, los salones y pasillos de la OEA son campos de batalla diplomática donde las últimas dictaduras renacidas de América se juegan la existencia –y lo tienen muy claro. Sé que esta victoria, desapercibida para la mayoría por los estragos del coronavirus, le ha amargado el día a dos o tres cancilleres de los de sonrisas abundantes y mentiras fáciles. Y a sus jefes.

Por eso, en medio de los tiempos difíciles que nos rodean, quiero felicitar a Luis Almagro, por la reelección y por el buenísimo trabajo que hasta ahora ha hecho. Hace unos meses le compartí en una reunión mis esperanzas para el futuro de Cuba, y por supuesto, de la OEA. Su sonrisa de aceptación fue inmediata. Me alegra saber que ambos, desde nuestros distantes lugares, seguiremos trabajando por el mismo fin.

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