MISAS EN LA RADIO Y TELEVISIÓN, ¿DÁDIVA O DERECHO?

Texto y foto: Freyser Martinez

Si tuviéramos libertad religiosa esta nota que me llegó al WhatsApp hubiera sido diferente: “En respuesta a la solicitud presentada por la conferencia de obispos católicos cubanos a la oficina de asuntos religiosos del PCC (Partido Comunista de Cuba), se permitirán las alocuciones radiales y televisivas de los obispos durante la Semana Santa y de igual modo mientras se mantenga el aislamiento social continuará la presencia de los obispos en la radio los domingos en la mañana.” Si tuviéramos libertad religiosa, no sería necesaria la autorización de un órgano político para ejercer un derecho humano.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos nos dice en su artículo 18 que toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión e incluye la libertad de cambiar de religión o creencia. Además, la libertad de manifestar su religión o su creencia individual o colectivamente, tanto en público como en privado.

Y ¿qué es la libertad religiosa? ¿cómo está concebida? La conforman dos conceptos básicos que son la libertad de conciencia y la libertad de culto. En efecto, la libertad de sentir e interiorizar la religión por la que has optado y la libertad que tienes para exteriorizarla conforme estimes conveniente, sin que el estado te limite, controle o trate de dirigir tus prácticas.

Dentro del contexto cubano hay muchas restricciones que impiden el libre ejercicio de la fe religiosa. Por ejemplo, en la inclusión en el sistema educativo, en los medios de comunicación, en los centros laborales, espacios públicos y en la cultura en general.

En un país en el que haya que pedirle permiso a un partido político, por demás único, para que los obispos católicos tengan un espacio en la radio o la televisión, no podemos hablar de libertad religiosa. Me refiero a los católicos porque es el caso en cuestión. ¿Dónde quedan las demás denominaciones cristianas y los no cristianos?

La limitación a la Iglesia fue uno de los pilares en los que se asentó la Revolución y los cristianos que han vivido en ella son testigos de cuánto se marginó y se margina la fe religiosa en Cuba.

Claro que los tiempos han cambiado y desde la visita del papa Juan Pablo II se han dado algunos pasos. Se nos devolvió la Navidad y la Semana Santa, así como algún que otro espacio, eso sí, controlado por el ojo avizor de un «compañero» del Partido. En cuanto a la presencia en los medios de comunicación, se ganaron un par de alocuciones al año en la radio, y misas esporádicas (re)transmitidas en TV.

Ahora bien, ¿por qué no mantener un espacio semanal para que los obispos o sacerdotes se dirijan al pueblo? Esto es, que se pueda celebrar la misa de forma masiva para que aquellos cristianos que por diversos motivos en tiempos normales no pueden salir de casa participen de esta manera de la celebración más importante de los católicos. ¿Por qué no mantener un espacio para que la Iglesia desde los medios masivos de comunicación pueda llegar con temas educativos o de consejería a las familias y fortalecer así los valores en nuestra sociedad?

La misión de un estado no es hacerle creer a los ciudadanos que este derecho es un regalo de sus gobernantes. La obligación de todo estado es reconocer, garantizar y proteger su cumplimiento.

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