LAS COLAS Y EL DISTANCIAMIENTO SOCIAL

Freyser Martinez
Fotos: Mario Ramírez

Más casos positivos surgen. La situación epidemiológica se complica día a día. La COVID-19 no tiene rostro, no cree en jóvenes ni viejos, no discrimina entre pobres y ricos, y esto debiera bastar para tomar conciencia. Cuando me comunico con amigos foráneos o veo los videos en las redes sociales, predominan las calles vacías. Sin embargo, si se da un vistazo a las calles en mi ciudad, Camagüey, o a la mayoría de las calles en Cuba, es suficiente para preocuparse y esperar lo peor. Las personas están en su mayoría, sí, usando mascarillas, pero ¿no sería mejor permanecer en casa?

La semana pasada estuve en una cola en la “placita” de mi barrio, donde no había policías ni miembros del ejército. Y a pesar del esfuerzo de algunos, mis vecinos no acataron en ningún momento el distanciamiento de más de un metro entre personas. El administrador de dicho establecimiento y dos trabajadores salieron hacia la calle para abordar un camión de carga, sin la debida protección. Se abrieron paso entre los presentes conversando. El administrador, sin hacer uso de su responsabilidad administrativa, obvió el desorden de la cola y se limitó a apartar a los que mediaban en su camino. Ancianos y adolescentes formaban parte de la espera. Al menos aquí, el distanciamiento social me pareció un slogan televisivo.

En el llamado “Comercio” de la ciudad agramontina, las multitudes se agolpan a diario. Las filas serpentean o se alargan en forma de L, pues en estas céntricas arterias sí hay «boinas rojas» y los habituales agentes de la policía.

Es sabido por todos la escasez de alimentos y productos de higiene que atraviesa la isla desde ¿siempre?, y que venía agudizándose de un tiempo a acá, peor aún —si es posible— en medio de la crisis actual. Pero, ¿por qué no reordenar los productos en diferentes tiendas y no sólo en unas pocas? De esa forma podríamos ayudar a que las aglomeraciones disminuyan. La tienda El Encanto, la Casa del Lácteo o, en otro sector sobrecargado, los bancos, son ejemplos de estas muchedumbres cotidianas.

Se ha logrado eliminar «el gentío» en las paradas con el cierre del transporte público, pero como una tubería vieja que remendamos por un lado, el problema revienta por otro. Está en las manos de las autoridades buscar tácticas, pero a todos nos corresponde la responsabilidad.

Salgamos lo imprescindible y no olvidemos protegernos. Hagámosle ese regalo a nuestras familias, amigos y sociedad. De otro modo serán vanos los aplausos cada noche.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *