EL RECARGADOR DE CELULARES

Texto: Freyser Martinez
Foto: Iris Mariño

“¡Al fin llegó la recarga!”, “¡esta recarga es una estafa!” o “¡la recarga está buena esta vez!”, son expresiones muy comunes que se pueden escuchar por doquier en la Cuba de hoy. La recarga ha sido objeto de bromas en las redes sociales, o de críticas.

Lo cierto es que la recarga no solo ha venido a formar parte de nuestras vidas, sino que ha generado un nuevo oficio en la alegalidad: el del recargador. Ese que pone un cartel en la ventana o en la puerta de su casa con distintas ofertas que sustrae, previo cálculo, de alguna recarga personal y distribuye en forma de negocio mediante los bonos que ofrece la única empresa de telecomunicaciones del país.

Es una iniciativa que beneficia a muchos, principalmente a aquellos que no arriban a las sumas solicitadas por la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba, ETECSA, para acceder a sus bonificaciones, o esos otros que no tienen quien les recargue sus cuentas desde el exterior, cuando la oferta, como en la gran mayoría de los casos, incluye este requisito. Hay recargadores, incluso, que hacen el servicio online y hasta a domicilio.

Hay que acotar que los recargadores no son los robinhoods de las recargas telefónicas en Cuba, pues su trabajo no es desinteresado ni perjudicial para ellos en modo alguno. Usted debe pagar algo más que lo demandado por la empresa de telecomunicaciones para ser recargado “por la izquierda”. Eso sí, no necesitará molestar a ese pariente inexistente para unos cuantos y en ocasiones podrá contar con micro ofertas que el recargador sabiamente deriva de los paquetes de bonificaciones, fragmentándolos mediante transferencias móvil a móvil.

Pero más de una persona tiene la opinión de que tal “oficio” se aprovecha de la situación privilegiada de unos con respecto a otros, dentro de la isla. Y aquí cabe preguntarse qué ha generado tal situación, tal desigualdad de oportunidades y privilegios.

¿Por qué siendo una empresa nacional, ETECSA prioriza la entrada de capital extranjero a la del cubano de a pie, que se ve privado de consumir de los bonos habituales en las recargas al no tener una fuente externa que deposite la cantidad pedida en su saldo? A ella, y a sus políticas discrimonatorias, se debe la existencia de los recargadores privados en Cuba. Ellos salvan, y recargan, al cubano.

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