UN PRIMERO DE MAYO SIN DESFILES

Freyser Martínez
Foto: Plaza Ignacio Agramonte de Camagüey, horas antes del 1ro de mayo (Henry Constantin)

Este primero de mayo no escuchamos la acostumbrada propaganda ideológica de la Plaza de la Revolución que, lejos de dejar oír las exigencias de la clase obrera, pretende vender una imagen de falsa conformidad y aun, de hipócrita complacencia. Un factor apolítico, natural e insólito, el coronavirus, es la razón de que la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) haya prohibido los tradicionales desfiles de esta fecha.

La convocatoria para esta “celebración” sui generis fue lanzada desde el capitalino municipio de Regla, por una representación de la CTC y autoridades del Partido Comunista de Cuba. Todo esto a pesar del llamado al aislamiento social y la cancelación de reuniones innecesarias, momento que Ulises Guilarte de Nacimiento, secretario general de la CTC, aprovechó para hacer su propuesta de actividades llamadas a sustituir los desfiles de masas, la cual se basó fundamentalmente en la utilización de las redes sociales para cubrir las iniciativas hogareñas. Así lo publicó Cubadebate en su página digital este 22 de abril.

Pero estas son las ideas de los dirigentes que viven muy alejados de la realidad del cubano de a pie. Al parecer, para Guilarte los megas del internet que los cubanos consumen, son lo suficientemente baratos como para darse el lujo de postear en la red social Facebook alabanzas políticas. Con un pueblo sumergido en el cómo poder sobrevivir el día a día, ¿podrán pensar en decorar las viviendas después de pasar una noche en una cola? ¿o nueve horas de un día, el día afortunado, para lograr comprar dos paquetes de pollo? Con una realidad marcada por el desabastecimiento y la escasez de productos del mercado informal, principal sustento de la familia cubana, ¿pensaremos en festejar? ¿no sería esta una hora de reclamo?

Claro que el reclamo también está cubierto por las autoridades, tan previsoras, con la creación de brigadas de respuesta rápida y la activación de fuerzas policiales, que ya no solo controlan los espacios físicos, sino que agreden a quien se atreva a la denuncia en el ciberespacio. De tal manera los cubanos afrontamos este primero de mayo con las mordazas bien apretadas y el garrote amenazando con golpearnos más fuerte que nunca.

Si realmente la CTC representara al pueblo, la clase trabajadora o proletariado cubano tendría el derecho de reclamar públicamente, sin ser reprimido por turbas paramilitares, sus libertades económicas y la eliminación del bloqueo económico interno, que afecta tanto, o mucho más que el embargo estadounidense.

Por el contrario, este órgano —único rector de la asociación sindical en el país— no solo no contempla los derechos del sector privado (cuentapropista) sino que se ha dedicado, en coordinación con otros brazos largos del oficialismo en la isla, a desviar la atención del público sobre lo que ellos llaman “acaparadores”, con el propósito de esconder el verdadero problema que los atañe: ¿no será que la llamada economía centralizada es la más grande y descarada forma de acaparamiento?

Este primero de mayo recibe a muchos en sus centros laborales, una parte de los cuales sin estar vinculados a la producción, en contradicción con el vociferado aislamiento social. Otros, como los médicos, ven redoblados sus esfuerzos por estos días, en una situación que amenaza con alargarse. Un sector no despreciable, en el que lamentablemente hay que incluir a nuestros maestros, arriba a la fecha viendo trocadas sus actividades regulares, canjeadas por ajenas —y peligrosas— “tareas de la Revolución”, como el pesquisaje médico o las labores de saneamiento. Todos vivimos un año sin el obligatorio desfile, sin escuchar las “trincheras” y “batallas” de su retórica parafernalia y, en el actual contexto, quizás debamos preguntarnos si querremos otro.

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