EL FANGO Y LOS MALOS CAMINOS ATASCAN LA VIDA DEL CAMPESINO EN NAJASA (Y EN CUBA)

Texto y fotos: Inalkis Rodriguez Lora

Comienza la época de lluvia en Cuba, y con ella vienen muchas alegrías pero también angustias sobre todo para el campesino.
Los campesinos que tienen vacas deben levantarse de madrugada a ordeñarlas y si ha llovido el día antes, suelen ejecutar el ordeño rodeados de fango, más la orina y heces del animal. Pero no solo se trata de levantarse por la madrugada, ordeñar y ya. Si el campesino tiene convenio de entrega de leche al estado, lo pasa peor. Entonces tiene triple encuentro con el fango: en el corral, en el camino hasta el sitio donde debe entregar la leche –que por lo regular está a más de 500 metros del corral, a veces hasta más de un kilómetro- y luego en el regreso a casa.

Los cooperativistas que también entregan viandas, frutas, granos y otros productos, suelen hacerlo a través de distancias más largas, “rompiendo fango”, como dicen ellos. Incluso, en algunas cooperativas no hay tractor en condiciones de atravesar los huecos llenos de agua y fango que pueden alcanzar medio metro de profundidad. Y a veces el tractor que lleva los plátanos o las yucas para vender, se queda atascado en el fango y no logra llegar a su destino. Entonces quienes hacen el traslado pierden muchas horas en espera de un equipo con mejor potencia y gomas que el atascado, y de un chofer que se atreva a hacer la molesta maniobra de halar un vehículo empantanado.

Pero no solo se afecta con los caminos en mal estado la vida económica del campesino. También su vida social. Muchas veces, por causa de los caminos con grandes baches enfangados que ningún vehículo se atreve a cruzar, los habitantes de los muchos caseríos de Najasa no pueden salir a la cabecera municipal a resolver sus problemas o simplemente a pasear y despejar de la monótona vida en sus fincas. Carrasco, Las Pulgas, La Bayamesa, Revolico, Belén, Las Casimbas, San José de los Palomares, Mojacasabe o Tacones, por ejemplo, en ocasiones quedan completamente aislados.

Más complicada es la situación de los enfermos, pues no hay ambulancia que pueda transitar por la mayoría de los caminos de campo en Cuba, mucho menos si están en zonas montañosas. Incluso, los escasos tractores y camiones que lo hacen deben tener gomas nuevas, de lo contrario resulta más difícil dar a tiempo esa importante ayuda.

El campesino de Najasa, como el de toda Cuba, carece de la oportunidad de arreglar su camino legalmente, con calidad y recursos propios. Depende de la voluntad y de los “recursos” y equipamiento de funcionarios que siempre tienen otras prioridades. A los que controlan el estado se les olvida que quienes producen la mayor parte de la alimentación de todos los cubanos, y a quienes se les pide que trabajen cada vez más para que haya comida en Cuba, es a los campesinos.

Pero a ellos, la mayoría de las veces, la desesperanza aumentada por este otro problema sin resolver los invade, y como mismo les hace un camino enfangado, cada vez los hunde más. De un amigo tomo prestada esta idea: “Una persona que no puede desplazarse como quiere, a la hora que quiere o cuando quiere, tampoco es libre”.

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