EL DÍA EN QUE SEVILLA VOLÓ A CAMAGÜEY

Texto y foto: Mario Ramírez

El 11 de junio de 1933 una ligera lluvia y vientos provenientes del Atlántico matizaban el panorama de la región oriental del territorio cubano. La emisora CMJK, “La Voz del Camagüeyano”, anunciaba desde el día anterior los pormenores de la hazaña. La incesante llovizna se extendió entrada la tarde hasta que, por fin, a las tres surcó los cielos del Camagüey el aeroplano.

El “Cuatro Vientos”, tripulado por el capitán Mariano Barberán (jefe de la expedición), el teniente Joaquín Collar (piloto) y el sargento Modesto Madariaga (mecánico), había cruzado el tempestuoso océano que separa la ciudad española de Sevilla de la isla de Cuba, para desandar la travesía de Cristóbal Colón en su trascendental descubrimiento. Sin casi combustible en el tanque y con escasa visibilidad debido a la cortina de agua del chubasco, una riesgosa maniobra los condujo hasta las cercanías de Florida y de allí de regreso hasta encontrar la pista de aterrizaje, 9 km al norte de la urbe agramontina, exactamente a las 3:30 p.m., hora con la que fue registrado el récord. ¡7320 km durante 39 horas y 55 minutos recorrieron los del “Cuatro Vientos”! Un hecho sin precedentes para la entonces joven historia de la aeronáutica.

Pero la proeza protagonizada sobre Camagüey fue en realidad un acto fortuito, teniendo en cuenta que la ansiada meta había sido llegar a la capital habanera, y que poco les faltó para descender en el aeródromo de Guantánamo, de no ser por las adversas condiciones del tiempo. De cualquier manera, la espectacular acogida prodigada por los camagüeyanos, en comitiva presidida por la alcaldía y la prensa de la ciudad, conmovió de tal suerte a los españoles de la Segunda República que el capitán Barberán expresó aquel día: “El nombre de Camagüey ha hecho vibrar en nosotros la emoción más grata de nuestras vidas”, mientras que el heroico Collar, cubanizado para la ocasión, elogió al pueblo que ha “procreado mujeres tan bellas, amables y sencillas”, y ambos transitaron, con “vivas” a la comarca y a la nación de nombres aborígenes, los lugares emblemáticos de la villa.

La redacción del periódico “El Camagüeyano”, la emisora radial CMJK, la Colonia Española y el City Bank fueron algunos de los sitios por los que se les vio discurrir eufóricos, en compañía del cónsul español, que en aquella época —como recién ha sido restituido— tenía residencia en la ciudad. Su misión estaba cumplida, un puente de amistad se acababa de tender desde la España republicana hasta una de sus antiguas colonias, y la despedida al día siguiente constituyó un resumen simbólico de los sucesos: conducidos por la calle República llegaron a la estación de ferrocarriles, donde un tren compuesto por trece vagones y el coche especial bautizado “Caonao”, los trasladaría hasta La Habana.

A partir de aquí la historia tomó un giro inesperado, ya que pocos días después los pilotos, ávidos de extender la hazaña trasatlántica, se dispusieron a volar desde la capital cubana hasta Ciudad de México, a la que nunca llegarían. La nave fue avistada por última vez en las cercanías de la sierra de Tabasco. Desde entonces hasta la fecha las hipótesis se suceden sin que ninguna dé cuenta del paradero de Barberán y Collar —Madariaga se quedó en tierra— ni de los restos de la nave que los llevó a la gloria.

Lo cierto es que su impronta caló hondo en el Camagüey republicano, que no tardó en homenajearlos. Dos calles del reparto José Martí llevan sus nombres, así como un monumento ubicado en el parque Enrique José Varona, donde un obelisco se alza con los rostros de los héroes y una corona de laurel en bajorrelieve. “A Barberán y Collar”, reza una inscripción, “Héroes del vuelo Sevilla-Camagüey”; en los laterales, los escudos de ambas ciudades, hermanadas para siempre por el hecho.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *