CAMAGÜEY: LA DECADENCIA DE SUS PUENTES

✍🏻Mario Ramírez
📷 Iris Mariño

Dos ríos, el Tínima y el Hatibonico, atraviesan junto a sus afluentes la ciudad de Camagüey. De poco caudal y profundamente afectados por la contaminación de la urbe, fluyen bajo una red de puentes en su mayoría en un lamentable estado de deterioro o precariamente construidos.

Siendo Camagüey una de las primeras villas fundadas, no se ha hecho mucho en materia de restauración de esos emblemáticos puentes coloniales que las distinguen. En específico, en la otrora Santa María del Puerto del Príncipe resisten el paso del tiempo muy pocas de estas edificaciones, caracterizadas por arcos de ladrillos y balaustradas que sostienen una armazón de concreto.

El puente de San Lázaro, sobre el Tínima, fue el primero inaugurado en la colonia, en 1739. Llamado así por su cercanía a un hospital de leprosos, aún conserva su nombre y estructura original, a pesar de remodelaciones y ensanchamientos en el siglo XIX. Si en aquella época estableció el punto de salida al Camino Real con destino a La Habana, hoy se ubica en un extremo de la calle General Gómez y marca el límite entre los distritos Cándido González e Ignacio Agramonte.

Otros dos colosos de la etapa colonial son el puente de La Caridad, inaugurado en 1773, y el del Casino, construido poco tiempo después a semejanza del primero. Debajo de ambos corre el Hatibonico, y constituyen una especie de entrada y salida del Casco Histórico Urbano de Camagüey, uno de los más extensos del país. Para las celebraciones del 500 aniversario de la fundación de la villa, fueron iluminados en recordación de las farolas que originalmente alumbraban las noches de los principeños.

Pavimento y aceras son, sin embargo, los componentes más afectados de estas construcciones. Quizás por esa razón al puente de Plaza de Méndez, en un extremo del Camino del Acueducto, en Villa Mariana, fue necesario construirle un paso peatonal anexo. Una viga de hormigón con barandal de hierro, contrasta ahora con el ladrillo desgastado del longevo puente sobre San Pedro, uno de los ramales del Tínima.

En un extremo de la calle Martí, delimitando los repartos Previsora y Sánchez Soto, se encuentra un puente sobre el Tínima cuya forma, no obstante ser moderno, imita la de los puentes coloniales. Con un fragmento de la balaustrada roto y sus aceras prácticamente arrasadas, cuando llueve se torna un verdadero peligro para transeúntes y vehículos.

Los puentes sobre avenidas y carreteras suelen pasar desapercibidos, como en el caso de los barandales en la Avenida 26 de julio, bajo los cuales fluye —cuando tiene agua— el riachuelo conocido como Juan del Toro. Un poco más allá, adentrándose en el Casino Campestre, está el puente de Paso Chiquito, erigido en el siglo XIX, del cual se dice proveyó de agua al primer trapiche de la región.

Muy cerca de estos se puede localizar a los puentes más actuales de la ciudad: el de Triana y el del Recinto Ferial, los únicos llevados a término del ambicioso proyecto arquitectónico “La ciudad mira sus puentes”, en 2015. El primero debe su nombre a la calle en la que “desemboca”, y a la ambigüedad de nombrar así a ese fragmento del río Hatibonico. El segundo se concibió para que los visitantes del Recinto Ferial tuvieran un acceso rápido a la Avenida 26 de julio. Destaca por estar hecho totalmente de hierro en su totalidad, dando continuidad a la línea de puentes metálicos en Camagüey.

Los innovadores de los Talleres Ferroviarios son básicamente los responsables de la aparición de estos viaductos de hierro, bronce y acero. Tres de ellos sirven para cruzar el Hatibonico en sendos puntos que separan a los repartos Las Mercedes y Saratoga. El más famoso tal vez sea el conocido como Puente de Hierro, sobre las vías férreas. Más al norte, siguiendo la ruta del río, se encuentra otro que destaca por sus partes ensambladas con planchas metálicas de camiones y trenes. Un tercero, originalmente de concreto, fue remozado con vigas de acero y pasamanos de hierro en la continuidad de la calle Luis Casas Romero.

La contraparte de estos materiales resistentes la llevan una serie de puentes de precaria manufactura, conformados por piezas de hormigón prefabricado, cuyo notable deterioro exige a gritos una restauración. Por desgracia, se ubican en áreas menos céntricas de la ciudad, de escasa atención por parte de las instituciones. Tal es el caso del puente de la Calle 2 de El Jardín, sin laterales desde hace años, y con grietas en su base y calle. Debajo corre a duras penas un Hatibonico cargado de desechos contaminantes que se conecta en otro punto con el Puente Salvaje, llamado así por la ocurrencia de accidentes en ese cruce entre los repartos El Jardín y Froilán Quirós.

Otro que perdió un barandal es el puente que conecta los repartos Florat y Timbalito, sobre el Tínima. En peligro de derrumbe, todavía hay quien se atreve a pasar por él con transporte pesado. Iris Mariño, en las fotos publicadas aquí captó ese momento, y otro en el que unos niños juegan sobre las derruidas placas de la cimentación. Minutos antes de ella llegar al lugar -le dijeron los pobladores de la zona- un anciano se había caído tratando de atravesar la estructura.

Puente dde Flora y alturas dela Cerro

Útiles para surcar los ríos, o bien para delimitar las zonas geográficas y favorecer el transporte, es lamentable observar la decadencia de nuestros puentes, sin que nadie haga nada. Definitivamente, no están aquí todos los de Camagüey, así que si conoces de algún otro, déjanoslo saber en los comentarios. Tenemos la esperanza de que, al denunciar la situación de los puentes camagüeyanos, escuchen quienes sí pueden hacer.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *