CUBA: JUEZ Y PARTE EN LAS VIOLACIONES DE DERECHOS HUMANOS

✍🏻Freyser Martínez
📷 Fuente anónima de La Hora de Cuba (archivo)


El mundo está perdiendo cada vez más sus libertades. Parece un chiste de mal gusto que regímenes autoritarios, como Rusia, China y Cuba, se sienten en el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU) no como acusados, sino en la posición —inmerecida— de jueces. Imaginemos que de pronto un hombre honesto y trabajador, respetuoso del orden en su comunidad, sea llevado a un juicio y para sorpresa, el juez es un delincuente. Es una ironía con nefastas consecuencias y las sociedades civiles debemos encender las alarmas, pues decisiones como esta ponen en riesgo el cumplimiento de los tratados internacionales que se supone velarían por el respeto a la libertad y la dignidad humana en todo el mundo.

En Cuba, el país donde vivo y trabajo, soy testigo de las violaciones a los derechos y las libertades que se cometen en el día a día. Sin embargo, no podemos dejar de señalar que la dictadura cubana es especialista en vender hacia el exterior una imagen impecable, cuando del tema se trata. Tampoco podemos afirmar que todos los derechos sean violados. Por ejemplo, todos tenemos el derecho a la educación gratuita, incluso a la universitaria. Visto esto y en el contexto de países que no cuentan con ese logro, se podría afirmar que estamos bien.

Desde luego, si lo vemos desde fuera, pero los que estamos dentro, sabemos que nuestro sistema educativo es una cantera ideológica: los estudiantes reciben un adoctrinamiento político; la universidad es excluyente; se ha expulsado a estudiantes y profesores que se muestren contrarios a la línea ideológica del Partido Comunista de Cuba (PCC) y se han pronunciado abiertamente voceros del gobierno aseverando que las instituciones educacionales “son para los revolucionarios”.

La salud es pública y gratuita, pero con un macro deterioro en sus centros y la escasez, grave, de medicamentos y otros recursos, en los que no abundaremos pues el lector conoce de sobra.
Hablemos también de los derechos que no nos son dados. Por ejemplo, el de participar en la vida política del país. Ese derecho es solo reservado para los que previamente han pasado por varios filtros ideológicos. El derecho a la libre expresión es mutilado hasta en el ciber espacio, aplicando multas a los que critiquen el régimen. En el arte son censurados los artistas e incluso expulsados de las asociaciones por ejercer la crítica desde posturas cívicas, por no hablar de la opinión política que entre en contradicción con la doctrina del PCC, extirpada per se.

No se permite la libertad de asociación, ni de formar sindicatos independientes. El derecho de reunión está prohibido bajo cuatro llaves y además es sancionado en el Código Penal. Desde el 2019 hasta la fecha se han incrementado los arrestos arbitrarios a activistas políticos y periodistas independientes. El año pasado se registraron un total de 3157 según el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, una organización no gubernamental vetada por el régimen de la isla. En el presente año hasta marzo se contabilizaron, por la misma ONG, un total de 1468 casos.

Por otra parte están las restricciones de movimiento, que ya no son solo para salir del país, sino que esta mala práctica ha hecho metástasis al interior de la nación, prohibiendo a los activistas y defensores de los derechos humanos y a la prensa independiente salir de sus viviendas cuando a las autoridades se les antoja conveniente.
Podríamos hablar largamente de todas las violaciones y discriminaciones con respecto al caso Cuba. En mi opinión, considero que para poder ser juez se debe ser un ejemplo y no solo en los derechos que a un gobierno le puedan interesar, sino en todos y cada uno de los que comportan la “dignidad plena del hombre”, como anticipaba José Martí.

Cabría preguntarse si, con la elección de un totalitarismo como el cubano a la misión de Naciones Unidas, las responsabilidades de ese sistema y la vigilancia sobre las autoridades del país en materia de derechos humanos aumentarían. Debería ser así. Cuba, un estado que se ha negado en reiteradas ocasiones a recibir delegaciones del mismo Consejo que ahora integrará, ¿mantendrá su postura? ¿qué pasa si continúa con tales selectas negativas?

Lamentablemente, las expectativas no son muy alentadoras. Si antes no eran sancionados, no podemos creer que ahora lo sean. Recuérdese la tercera parte de aquella famosa saga fílmica, en la que la mafia edulcoraba sus estratagemas colocando a miembros de la “familia” en el juzgado. Juez y parte, el apadrinamiento de Cuba es una de las amenazas graves para la libertad futura, y un reto que debemos afrontar quienes luchamos por ella en el presente.

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