BREVE RECUENTO DE UN NOVIEMBRE NEGRO

✍️ Noel Alonso Ginoris
📷 Henry Constantin

Las últimas jornadas en La Habana han sido de una acentuada violencia policial. Denis Solís González, músico e integrante del Movimiento San Isidro (MSI), fue detenido violentamente el 9 de noviembre de 2020, en las calles Habana y Paula, a unas cuadras de su casa, y fue condenado el pasado 12 de noviembre en juicio oral sumario, bajo la acusación de “desacato”, a 8 meses de privación de libertad y por lo mismo trasladado al centro penitencial de Valle Grande, según confirmó la sentencia del Tribunal Supremo este lunes.

Todo parece indicar que a Denis Solís le han construido un caso para procesarlo. Antes de su detención era acosado por la Seguridad del Estado (SE). Desde su detención hasta ahora, como es el modus operandi de este órgano represivo, no le han permitido hacer llamadas a sus familiares. No solo su encarcelación resulta injusta, sino que el procedimiento para condenarlo solo ha tomado dos días. Agentes de la SE que intimidaron a su familia y registraron su casa sin ninguna orden, les mostraron un papel donde constaba que le abrirían una causa por droga.

El viernes 13 Anamely Ramos fue a la estación de Cuba y Chacón para averiguar sobre la situación de Denis. Fuera de la estación esperaban un grupo de miembros de la sociedad civil (artistas, periodistas independientes y activistas) que buscaban de igual forma alguna noticia sobre Denis. Anamely nunca salió de la estación, fue detenida y golpeada de manera arbitraria, es válido decir que su detención fue solo por indagar sobre una información que debe estar a disposición de todo ciudadano. El resto de las personas del grupo también fueron detenidos.

Tras cada arresto, los miembros de la sociedad civil solidarizados con la causa, incluso de madrugada, regresaron a Cuba y Chacón, la dirección de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) de La Habana Vieja, para seguir exigiendo de manera pacífica la liberación de Denis Solís.

Como la violencia está patentada por la SE, los artistas y otros activistas decidieron usar la poesía y el cuerpo como únicas armas. La escritora Katherine Bisquet, la reportera de CiberCuba, Iliana Hernández, y los integrantes del MSI Luis Manuel Otero Alcántara, Anamely Ramos, Maykel «Osorbo» Castillo y Esteban Rodríguez, además de una poderosa alianza en las redes sociales, pidieron a través de la poesía la excarcelación de Denis y de todos los presos políticos en la isla.

Ayer 17 de noviembre el MSI lanzó una convocatoria para que todos los cubanos, en especial los habaneros, se sumaran al Susurro Poético. La dirección Damas 955, entre San Isidro y Avenida del Puerto, en La Habana Vieja, se convirtió en trinchera para denunciar, desde la poesía y el performance, la detención arbitraria de Denis Solís. Aunque muchos no pudieron llegar a la cita porque alrededor de la cuadra persistía un cerco policial que impedía el paso y, además, varios activistas y periodistas fueron retenidos en sus propias casas (como es el caso de Héctor Luis Valdés Cocho y Diasniurka Salcedo Verdecia, la cual fue retenida poco antes de llegar a San Isidro), es necesario reconocer que hubo una conexión con muchísimos escritores y artistas. De igual forma, muchos cubanos, bajo la etiqueta #FreeDenis, colgaron en las redes sociales sus poemas en forma de video.

La escalada de violencia contra este tipo de iniciativas se ha mantenido por seis días consecutivos.

Se debe insistir en la gravedad que representa el corto tiempo en que se desarrollaron todos estos eventos. No solo las constantes detenciones de los miembros de la sociedad civil, sino la privación de libertad de un ciudadano cubano y su juicio sumario con una causa construida, lo cual ocurrió sin permitírsele una sola llamada telefónica. En este caso, como en muchos otros anteriores, no solo se violan los derechos humanos más elementales, sino que además se cancelan los presupuestos de nuestra propia Constitución.

Si se hace caso omiso al hecho de que estos atropellos sigan sucediendo en Cuba, ¿qué recurso legal y por derecho le queda entonces al ciudadano cubano para enfrentarse a un poder que viola la propia Constitución y las más elementales cláusulas de la Carta de los Derechos Humanos, de la cual Cuba es firmante y hoy figura en las sillas de su Consejo?

La violencia política y su desmedido uso de poder se han convertido en norma en Cuba y hemos vivido un ascenso terrible en los últimos meses, en los que el estado se ha aprovechado de la situación excepcional que representa la pandemia del coronavirus. El panorama de la isla es desolador: desabastecimiento de productos básicos, imposición de multas a la población, actuación fuera de la ley de los agentes de la SE y de la PNR, doble racero de los discursos de los ministros: todo esto acentuado por una creciente violencia que va desde actos públicos de repudio, hasta detenciones arbitrarias y construidas como la de Denis Solís.

“Nos van a detener todos los días. Dormiremos en calabozos. Es la única o una de las maneras de normalizar, no la represión, sino el derecho a la libertad de expresión», dijo la poeta Katherine Bisquet en su cuenta de Facebook.

En efecto, no se trata de normalizar la represión, se trata de demostrar que existe esa represión, sino que también existe la posibilidad de expresarte, y de cambiar las dinámicas estructurales que patentan la violencia del estado en contra de la libertad y de las garantías legales de los ciudadanos.

Noviembre ha sido un mes difícil para la isla y sus gentes, como ha quedado acuñado en el término de la periodista independiente Luz Escobar: “noviembre negro”. Denis Solís no es solo un preso por un ligero, y hasta ahora supuesto, “desacato”, es también el símbolo de la vetusta e injusta configuración de la ley y la violencia en un estado dictatorial. Son muchos más los que están, como Denis, injustamente tras las rejas. Es por ellos también que hoy siguen los miembros de la sociedad civil solidarizados y conectados en las afueras de la cárcel.

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