CAMAGÜEY: LAS RUINAS DE UNA CIUDAD CONTADA POR SUS CASAS

✍️ Mario Ramírez
📷 Iris Mariño

Camagüey, una villa que este 2 de febrero cumple 507 años de fundada, se distingue por su arquitectura colonial que no admite demasiadas mixturas con la contemporaneidad, como en el caso de otras urbes. Sin embargo, y a pesar de contar con una Oficina del Historiador de la Ciudad (OHCC), supuestamente encargada de la conservación del patrimonio inmobiliario de uno de los mayores cascos históricos de la isla, el deterioro de un gran número de inmuebles cuestiona el trabajo de esta y otras organizaciones estatales.

Lugareño, esquina Hermanos Agüero

Quienes habitan estas viviendas del casco histórico hoy, no pueden realizar modificaciones constructivas visibles sin la autorización previa de la OHCC, pero tal permiso tiene que pasar, como todo en el país, por los canales del burocratismo, la demora y, en muchos casos, la corrupción. Entre esto y la carencia de recursos —de los propietarios y de las instituciones— el implacable tiempo destruye las fachadas y los techos de las longevas construcciones. ¿Solución? Ninguna, salvo la de ofrecer, cuando se puede, la fachada como telón artificial del domicilio erigido en el interior, donde sí es posible construir, separada como un cascarón vacío del hogar.

Calle Bembeta entre Horca y San Ramón

No es difícil para alguien que camina por las arterias principales del centro de Camagüey, encontrar ejemplos de estos adefesios, como el de la intersección de Hospital y San Rafael, una argamasa agujereada que se sostiene a duras penas, por donde, sin embargo, pasa peligrosamente el tendido eléctrico de esas calles.

Calle Capdevila entre Artola y Miguel Ángel Nuñez

Peores suertes llevan los techos y balcones, cuya peligrosidad cuelga como una espada de Damocles sobre las cabezas de propietarios y transeúntes, sin que se tome ninguna medida. Ya famosa por sus puntales es la esquina de Lugareño y Hermanos Agüero; colocados allí para soportar contra toda previsión unos balcones que nadie se atreve a reparar, va siendo hora de encontrar un sostén para los mismos maderos. Una casa en Desengaño, entre 20 de mayo y Cielo, y otra en la esquina de San Rafael y Honda, forman parte de esta familia sujeta por columnas artificiales y la invención del hombre… cubano.

Calle Capdevila entre Artola y Miguel Ángel Nuñez

No obstante, nadie parece notar cómo se deteriora el llamado Palacio de Pichardo, una edificación en el callejón de igual nombre, entre Avellaneda y San Fernando, con balcones de madera de la Colonia. ¿Habrá que ponerle unos sempiternos puntales, para que duren tanto como este rancio sistema que ha destruido al país por años? A la estética del socialismo parecen cuadrarle bien el esperpento y los despojos, a diferencia del hombre del siglo diecinueve, cuyos rostros asoman como una burla, por la ocurrencia de un artista de la ciudad de “pintarlos” en la descascarada superficie de algunas viviendas, como las de Apodaca.

Tiempo atrás fue público en este medio el derrumbe de una parte de la llamada “casa de las cariátides”, edificación emblemática de la ciudad, sin que las autoridades respondieran a la demanda de ciudadanos y la prensa independiente. En cambio, en La Habana, un edificio casi idéntico a este, con las mismas peculiares cariátides, fue reseñado por la prensa estatal como parte de un plan de restauración que se propone dejar listo para el turismo la parte del litoral habanero frente al malecón.

La historia del hombre contada por sus casas no tiene un capítulo brillante en la ciudad de Camagüey, al menos en los últimos sesenta años. Durante la República hubo un plan que abarcaba lo que entonces se estimaba como el centro histórico de la ciudad, incluyendo las áreas del Casino Campestre. Hoy poco queda de lo hecho, salvo los grandes monumentos o las áreas públicas. Fachadas destruidas, balcones y techos apuntalados, portones destartalados y enmohecidos, son el testimonio de décadas de abandono y miseria de una nación en ruinas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *