CORONAVIRUS Y ANCIANOS EN CUBA: EL TESTIMONIO DE UN INGRESO Y TRATAMIENTO FORZADO

✍️ Javier Fernández
📷 Yunier Gutiérrez

El mundo va para un año tratando de entender este virus que ha a puesto a prueba los más sofisticados sistemas sanitarios y protocolos epidemiológicos. Definitivamente de lo nuevo se aprende sobre la marcha, se prueban tratamientos y procedimientos, se improvisa con las medidas de mitigación y se investiga intensamente para tratar de derrotar de la mejor manera a este enemigo invisible.

Todo el esfuerzo que se hace, con sus aciertos y desaciertos, tienen el innegable propósito de curar al ser humano. Garantizar la buena salud a sus ciudadanos es obligación de todo gobierno y también de todo hombre y mujer como parte de su responsabilidad en la búsqueda del bien común y el respeto de la dignidad de la persona. Lo que sí no se justifica es que un gobierno suprima la dignidad y libertades individuales de un grupo de sus ciudadanos en la búsqueda de soluciones, como está sucediendo en Cuba con los enfermos de COVID-19.

Mi padre acaba de cumplir 80 años, vive en La Habana, en un país donde la falta de sentido común y el miedo campean hace 62 años, pero que ahora, en medio de una pandemia, estas dos constantes evolucionan a la fase de sinsentido agravado, insensatez aguda, criminalización de los enfermos de coronavirus y caos total, lo que se traduce en la ya conocida represión, violación de libertades y miedo paralizante.

Hace 10 días le hicieron al viejo una prueba de PCR por coronavirus debido a la visita de un irresponsable pariente a la casa que resultó ser “sospechoso”, término que utilizan en la isla cuando no estás ni negativo ni positivo -todo lo contrario, de acuerdo con el maestro Cantinflas. A los dos días de esa prueba le dicen que es positiva y que lo irían a recoger a la casa en cualquier momento para ingresarlo en un hospital. El viejo entra en pánico, conoce bien los hospitales cubanos y no ha tenido ni un solo síntoma, se agobia con la idea de dejar a mi madre sola en la casa con 74 años y un Alzheimer avanzado que la hace dependiente 24 horas del cuidado de él y otras personas que ayudan en la casa pero que no viven ahí, pues ellos viven solos, sus tres hijos vivimos fuera de Cuba.

Algunos familiares y amistades trataron de explicar la situación a las autoridades sanitarias, alegando la situación de la casa y el atenuante de que el viejo no tenía síntomas, que mejor sería dejarlo en su casa donde tiene todas las condiciones que no tiene un hospital cubano, más la necesidad de atender a mi madre. La respuesta siempre era la misma: “ese no es nuestro problema, está establecido que los positivos o sospechosos de coronavirus, con síntomas o no, tienen que ser ingresados y punto”. El esfuerzo fue en vano, el mismo día del resultado positivo, cerca de la medianoche, lo recogieron en una ambulancia en contra de su voluntad, como ladrón en la noche, sin importarles cual sería la suerte de mi madre a partir de ese momento, eso no era problema de ellos.

Desde ese día el viejo está ingresado en un hospital en La Habana, los síntomas nunca han aparecido -¡gracias a Dios!-, sin embargo lo bombardean diariamente con medicamentos innecesarios en su estado como el interferón y antivirales que usan con pacientes de VIH. Tratamientos y procedimientos sin una evidencia científica contundente para tratar el coronavirus, al menos por ahora, y que están ensayándolos en los cubanos ingresados con el virus sin dejarles saber lo que están haciendo y mucho menos con su consentimiento. Una vez más Cuba utiliza su población como “conejillo de indias” al más puro estilo hitleriano, -¿acaso podían los judíos en la Alemania nazi decidir o no ir a un campo de concentración y que experimentaran con ellos?-, así tampoco tienen los cubanos con coronavirus la posibilidad de negarse al ingreso y al experimento con ellos.

Esta se convierte en otra violación más a los derechos y libertades de los ciudadanos cubanos. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en su resolución 4/2020 sobre los Derechos Humanos de las Personas con COVID-19, en su directriz III, número 19, plantea que “cualquier tipo de tratamiento médico de las personas con COVID-19 debe recabar el consentimiento, previo, libre e informado de las personas afectadas”. Adicionalmente, en el número 21 de la misma directriz, dice que “cualquier investigación en seres humanos relacionada con el COVID-19 debe recabar el consentimiento previo, libre e informado de la persona. Toda persona tiene derecho a negarse a participar en la investigación y a retirar su consentimiento en cualquier momento”. La propia ley cubana no. 41, Ley de la Salud Pública, reconoce en el Capítulo II, artículos 18 y 19, que “los métodos de diagnósticos que impliquen riesgos, las intervenciones quirúrgicas, procederes diagnósticos y terapéuticos se realizan con la aprobación de los pacientes”.

Los “judíos del caribe” están siendo una vez más víctimas de la arbitrariedad e impunidad del macabro régimen cubano. Muy pronto escucharemos a la dictadura tratando de vender al mundo sus tratamientos y vacunas para el coronavirus, mostrando resultados obtenidos a partir de ciudadanos forzados a experimentos y con un altamente cuestionable rigor científico. Al cierre de este escrito, el viejo sigue hospitalizado, los síntomas siguen sin aparecer y el pernicioso tratamiento continúa invariable; hasta que no tenga un resultado de prueba PCR negativo no regresa a su casa de donde se lo llevaron a la fuerza, acusado del «delito criminal» conocido como «Positivo COVID-19».

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