NO SECUESTRARON UN AVIÓN, NO: SECUESTRARON LA LIBERTAD DE LA EUROPA (QUE SE CREE) LIBRE

✍️ Henry Constantin
📷 Tomada del perfil en Twitter de Roman Protasevich

Gobiernos de la Europa sin dictadores, y demás democracias aliadas: cerrar el espacio aéreo europeo a los aviones bielorrusos, y el bielorruso, a los aviones europeos, suena bien, si lo intentan y lo logran poner en práctica. El por 26 años dictador Lukasenka —en ruso pronunciado algo así como Lukasenko— debe sentir algo lo más parecido posible a lo que sintió el periodista Roman Protasevich cuando los agentes de la KGB —la Seguridad del Estado bielorrusa— le rodearon y llevaron preso, a él y a su novia, tras hacer bajar a tierra el avión extranjero en que cruzaba el cielo del país del que hace dos años tuvo que huir.

Pero el peligro para Europa no viene de un príncipe local bigotudo y con ínfulas eternas. El peligro real para los periodistas independientes y los opositores bielorrusos, para Europa y para todos los que estamos más allá y entendemos y defendemos de libertad individual —incluso en esa Cuba cuya dictadura nunca ha sido condenada en la ONU, entre otras cosas por el apoyo invariable de la dictadura rusa— es el apoyo eterno del zar ruso, el tipo que ha estancado espiritualmente en el siglo XVIII a Rusia, y a parte de sus vecinos.

Es Putin el que ha apoyado con todo a Lukasenka y le ha ayudado a reprimir las protestas de los bielorrusos valientes, es Putin el que le ha ayudado a Lukasenka a sobrevivir sanciones europeas y malestar interno, es ruso el idioma que dicen que hablaba el individuo que siguió a Roman Protasevich en el aeropuerto de Atenas, antes de abordar el vuelo que el estado bielorruso secuestraría para apoderarse del periodista crítico, y finalmente, es de Rusia de donde han salido las más raudas voces de apoyo a Lukasenka y su caza persiguiendo un avión civil.

Europa, Estados Unidos, Canadá y las demás democracias molestas con el rapto del periodista independiente deberían cerrarse a los vuelos bielorrusos, sí, pero sobre todo a los rusos. Y retirar sus aviones comerciales de ese espacio aéreo tan grande pero que un hombrecito, Vladimir, el segundo de ese nombre que se apropia de (casi) todas las Rusias, se ha robado también.

Siria, Ucrania, Venezuela, Belarús… ¿cuánto más hay que permitirle a Putin? Ojalá Europa entienda que a los malos, cuando hacen el mal, hay que hablarles fuerte y hacerles que el mal hecho, les duela. Es lo único que puede salvar a los buenos. Roman Protasevich, y Belarús, deben ser liberados.

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