CARTA DE UN ESCRITOR AL PRIMER MINISTRO DE LA REPÚBLICA

Primer ministro:

Dirijo a usted esta misiva pública por múltiples razones que iré detallando paulatinamente por estimarlas muy necesarias de esclarecer al detalle, no sea que parezcan una falta de respeto o burla a su persona.

La primera razón es que descubro en usted el hombre modesto hasta en su manera de vestir. En cada aparición suya por el Noticiero Nacional de las 8 de la noche –informativo que no pierdo de ver a pesar de mi incredulidad en sus reseñas– salta a la vista el desequilibrio de sus camisas oscuras y repitentes con las de otros funcionarios de alto nivel. Esa manera suya de vestir de oscuro me trae reminiscencias del Apóstol, quien siempre lo hizo alegando un propósito que hasta pudiera decirse es, posiblemente, parecido al suyo.

La siguiente razón me la inspiran sus parlamentos mesurados, serios y nunca ofensivos, siempre proyectados hacia el bienestar de la población. Cuando alguno de sus ministros nos altera la testosterona, aparece usted buscando una solución y proponiendo siempre escuchar al pueblo sus necesidades. Sé que hay amigos incrédulos y aprensivos que aseguran esa actitud benévola de su persona es solo la actuación asignada en el gran teatro gubernamental de nuestro país, en el que se necesita un personaje con buenas intenciones para aplacar a la gente. Pero yo no lo creo, primer ministro; más convencido estoy de que ese cargo tan importante que usted hoy ocupa se debe al gran éxito en su cartera de ministro de turismo, cuyos rendimientos económicos fueron el puntal más importante de la economía nacional durante todo el tiempo que estuvo al frente de ese ministerio.

La tercera razón de mi mensaje se debe a que en el mes de julio del pasado año, recién comenzada la pandemia, la implementación de las tiendas en MLC me obligó a escribir una carta abierta dirigida a Miguel Díaz-Canel y solo recibí como respuesta mi expulsión de la UNEAC luego de treinta años de militancia ganada gracias a premios literarios y publicaciones de mis libros. Fui defenestrado como un zapato viejo, solo por hacer llegar a la supuesta dirección del país la inconformidad bullente en una población que se sintió traicionada en los valores de repudio sembrado años atrás hacia la moneda enemiga. En esa carta también proponía una apertura real a todos los productores, sin dejar resquicio a limitaciones burocráticas.

Por último, basándome en los anteriores criterios, solicito de usted –así como usted aconsejó hace algunas noches a sus subordinados– atienda y dé respuesta a mis inquietudes, ya que mi único propósito es sacar a nuestra sociedad de esta miseria económica, sanitaria y moral que la hace caer en picada día tras día, vertiginosamente.

No creo que todos los que dirigen el país sean arribistas y malvados; hay hombres serios como usted y, por citar a otro, el actual ministro de Salud Pública, José Ángel Portal Miranda. Por esta razón, le pido no se deje llevar por ese criterio de odio visceral oficialista de que todos los que nos oponemos a este sistema de gobierno al que usted pertenece somos satánicos ni mezquinos; somos, primer ministro, simplemente cubanos de a pie por muchas circunstancias imposibles de enumerar, que deseamos para Cuba, para la nación cubana, para los once millones de seres humanos que a veces no tenemos qué llevar a la boca, y los cuatro millones que ruedan por el mundo, un cambio profundo en el camino económico, el respeto incondicional a la diferencia y libertad de opinión soñada por Martí y el reconocimiento oficial a la existencia de nuestro grupo cada día mayor, puesto que no somos fantasmas.

Es lamentable que un joven de inclinación izquierdista que salió con el cartel “Socialismo sí; atropello no” haya sido de inmediato reprimido y encarcelado en flagrante violación al artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos -de la cual Cuba es firmante-; y también una burla cruenta al artículo 54 de la nueva constitución cubana.

Pero mucho más lamentable aún es que miembros del Ministerio del Interior irrumpieran por la madrugada en la vivienda de Luis Manuel Otero Alcántara y lo sacaran de allí con el pretexto de interrumpir su huelga de hambre, y que lo mantengan secuestrado indefinidamente. Eso, primer ministro, puede considerarse como terrorismo de estado.

Por todas las razones antes expuestas es que le escribo a usted, a pesar de las burlas que espero recibir de otros cubanos. Pero como tengo fe en el mejoramiento humano y en la utilidad de la virtud, sugiero al dirigente y al hombre, haga comprender a sus iguales la necesidad del reconocimiento a los opositores y al diálogo serio y respetuoso, para que un día la historia se lo tenga en cuenta.

✍️ Pedro Amando Junco
📷 el autor (Neife Rigau)

✅ Síguenos en Twitter (LaHoradeCuba20), en nuestro canal de Telegram (lahoradecuba) y en Instagram (La Hora de Cuba)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *