«LA CELEBRACIÓN DE LA FE ES UNA NECESIDAD», OPINA SACERDOTE CATÓLICO SOBRE RESTRICCIONES DEL RÉGIMEN

✍️ y 📷Yoe Suárez

Los lugares de culto en toda Cuba han sufrido restricciones de acceso desde marzo de 2020, cuando llegó la pandemia de la Covid-19. Las iglesias católicas en La Habana no han quedado exentas de ello. Durante la primera ola del nuevo coronavirus, todos los templos y la mayoría de los servicios públicos permanecieron cerrados en la isla. En la segunda ola, a inicios de 2021, el estado permitió alguna apertura, a pesar de que los picos de contagios marcaron cifras peores que las del año anterior.

El transporte público no se suspendió, los negocios privados abrieron parcialmente, con entregas a domicilio, por ejemplo. Sin embargo, los templos, permanecieron cerrados en la capital. Espacios enormes, todos erigidos antes de 1959, acabaron vacíos, a penas con el eco de los pasos de solitarios sacerdotes.

El sacerdote Jorge Luis Pérez Soto, de la Iglesia de San Francisco de Paula en la capital, explica que en la Arquidiócesis de La Habana, que también incluye los templos de Mayabeque, una parte de Artemisa y la Isla de la Juventud, «se ha vivido la pandemia de modos distintos, porque depende de la situación epidemiológica y las normativas dictadas por las autoridades locales. Aunque ahora casi todo el país se encuentra en la fase de transmisión autóctona”.

Corpus Christi. “Bajo esa fase han permanecido cerrados los templos. El culto ‘celebrado’ suspendido, aunque aun cuando no haya fieles presentes la Iglesia Católica celebra todos los días la eucaristía, la santa misa. Incluso la hemos seguido ofreciendo por los difuntos de los fieles, que llaman por teléfono, o vienen y dejan el nombre apuntado en papeles”, explica el religioso.

Corpus Christi. “Hay una serie de realidades dentro de la celebración eucarística que tuvimos que cambiar. Suprimimos todo lo que significa contacto físico humano. El saludo de la Paz, después de rezar el Padrenuestro y antes de comulgar, se ha suspendido. Generalmente era un beso o un abrazo. Se ha sustituido por otros modos”. Igualmente, elementos como el bautismo de los niños han debido detenerse, y la catequesis infantil fue de solamente una semana, privilegiando espacios abiertos.

Corpus Christi. Pérez Soto recuerda que «cuando el país pasó a la ‘nueva normalidad’ tras la primera ola de Covid-19, en todas las parroquias se separaron los bancos y otros los retiraron, para mantener el distanciamiento. Solo admitían dos personas por banco, aparecieron pasos podálicos, elementos para la desinfección con agua y cloro”.

Corpus Christi. Otras cosas también cambiaron: “La Santa comunión, que el fiel tiene derecho a elegir si la recibe en la mano o en la boca, se ha puesto el recibirla directamente en la mano. Las celebraciones han reducido un poco su duración, para que la permanencia total en el templo no exceda la hora”.

Iglesia de San Francisco de Paula. En enero de 2021, con la segunda ola del coronavirus en Cuba, volvieron las restricciones para reunirse en lugares de culto. “Todo esto nos ha llevado a ser creativos. Entramos en un ambiente al que nunca habíamos contemplado: el digital, a través de grupos de Telegram o WhatsApp ”, relata Pérez Soto y recuerda que él mismo tiene experiencias en su comunidad de haber hecho celebraciones por esas vías, previo acuerdo para una hora en el día con los creyentes.

Iglesia de San Francisco de Paula. “En los primeros meses de la pandemia la televisión nacional transmitió la celebración de la misa en el Santuario de la Caridad del Cobre, en Santiago de Cuba. Fue algo valioso que no se pudo mantener o recuperar” cuando llegó la segunda ola.

Iglesia de San Francisco de Paula. Igualmente ocurrió con las alocuciones radiales “que sí se mantienen todos los domingos en las radios provinciales. Los obispos leen La Biblia, se pone algo de música, transmiten oraciones, y es algo que la gente valora muchísimo”, dice el clérigo.

Iglesia de San Francisco de Paula. “Las iglesias permanecen abiertas los días entre semana para el que quiera entrar a rezar, con horario restringido en las mañanas. Esporádicamente entra alguien. En Domingo de Ramos, que la gente viene a buscar sus ramos bendecidos, conservaron las distancias, no hubo molote, fue muy bonito ver que la gente se cuida”, asegura.

Iglesia de El Náutico. En Semana Santa de 2021 las autoridades cubanas convocaron a una caravana vehicular “contra el bloqueo” en la zona norte de El Vedado, agrupando a cientos de personas de todas las edades. Asociaciones religiosas como la Iglesia Cristiana Reformada enfrentaron al régimen cuestionando el por qué se admitían ese tipo de concentraciones que no observaban la medidas higiénico-sanitarias, mientras los tempos seguían cerrados.

Iglesia de El Náutico. “No solamente en las caravanas o concentraciones convocadas oficialmente por el gobierno, no solo ha sido por el fin del embargo, sino también por cuestiones deportivas como el recibimiento del equipo ganador de la Serie Nacional de béisbol en Granma —dice Pérez Soto. Luego está el tema de las colas interminables, prolongadas en el tiempo, donde se exaltan los ánimos y eso genera interacción humana. Yo que hago colas lo sé”.

Iglesia de El Náutico. Aunque desde 2020 países como Estados Unidos y Perú, declararon la práctica de la fe como elemento “esencial” y, por tanto, mantienen abiertos los templos, Cuba no tiene la misma consideración.

“Todo está en la necesidad —cree Pérez Soto. Para el pueblo es necesario adquirir bienes y servicios y para ello tiene que salir aunque deba arriesgare al contagio. Para el estado cubano parece que es una necesidad llevar a cabo sus agendas. Y el tema es que para nosotros, los creyentes, la celebración de la fe es una necesidad. A veces es difícil comprender la limitación a la práctica religiosa y la no limitación a otras tantísimas cosas. Es un tema de perspectiva”.

“Creo que en los tiempos que corren —añade—, prescindiendo del elemento religioso que para nosotros es lo primero, también desde el punto de vista de la psicología social y personal el ejercicio de la religión reviste gran importancia, porque el período de la pandemia trae tiempo de dudas, de aislamiento, de miedos, de incertidumbre. Entonces, poder abrir su corazón con Dios, encontrarse con Él y con la familia de hermanos, con todas las medidas higiénico-sanitarias debidamente tomadas, puede ser sanador”.

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