CASTRISMO, DÓLARES Y REHENES

✍️ Freyser Martínez
📷 Henry Constantin

En los días más duros de los años ’90, durante el llamado periodo especial, no pocos recordarán aquellas tiendas que se crearon para canjear productos de primera necesidad por oro y plata. Los que empezamos a peinar algunas canas no olvidamos a quienes incluso buscaban cambiar pesos cubanos por aquellas ya desaparecidas monedas de cuarenta centavos, que según se decía las estaban aceptando en esas tiendas, dizque por su contenido de los metales preciosos. Lo cierto es que en ese entonces los cubanos no soñábamos con los teléfonos móviles y menos aún con el internet, por lo que las noticias demoraban en llegar y mucha gente terminó cargada de pesetas de cuarenta centavos que, en realidad, no tenían valor allí.

A treinta años de esa estafa masiva por parte del régimen, que se apropió de joyas, oro y plata que algunas familias guardaban, la historia se repite. Ahora con sacar de circulación de los bancos nacionales los depósitos en dólares estadounidenses, bajo el pretexto de no poder usarlos en el mercado internacional. Un país donde la gran mayoría de los emigrados están asentados en territorio norteamericano y cuyos familiares envían remesas en esas monedas hacia la isla.

Este apartheid económico obliga a los ciudadanos a depositar dólares en los bancos para que el gobierno les emita una tarjeta de plástico que solo sirve para comprar dentro del país. De buenas a primeras, y bajo un rosario de justificaciones, se anuncian las medidas y un corto plazo para poder depositar en esa moneda hacia las tarjetas de acceso a productos de primera necesidad, en las tiendas comercializadas en MLC (Moneda Libremente Convertible). Así, cuando usted se queda despojado de una moneda fuerte, pierde no solo sus recursos, sino también su libertad, teniendo que seguir a expensas de papá estado, porque la realidad es que el peso cubano no tiene valor cambiario en ninguna parte del mundo.

En mi opinión, el asunto de los dólares está enfilado hacia los escenarios políticos, aparte de la evidente función recaudadora con impacto en lo económico. El régimen para esta etapa ya pensaba que con la administración Biden iban a estar regresando a la política del deshielo del anterior gobierno demócrata de Estados Unidos. Sin embargo, ha sido todo lo contrario.

Por lo tanto, la dictadura está usando la estrategia que usaría un grupo de secuestradores para negociar con sus rehenes. Esos rehenes somos nosotros los cubanos. El régimen nos tiene en sus manos y está pidiendo a los cubanos de la diáspora que envíen más recursos para continuar subsistiendo.

Que al gobierno cubano se le dificulta mover efectivo por las sanciones, eso es cierto, pero el castrismo es muy hábil en estos temas y existen mecanismos para colocar esos dólares en el sistema de comercio internacional. El régimen usa el delicado tema de los dólares para ejercer presión sobre los cubanos emigrados y, a su vez, sobre la administración Biden, para que les suavice las medidas a ellos, los secuestradores.

Sin embargo, y creo que en buena medida debido a la campaña de la prensa independiente que consiguió alertar a la población, los intentos de secuestrar nuestras libertades económicas no han sido como en los ’90. El mayor acceso a internet y a los medios de comunicación, la madurez de un mercado informal que resiste los embates del régimen y sostiene al país, y otros factores han conseguido «normalizar» en poco tiempo el valor del dólar. El castrismo es un sistema con los días contados y en su peor crisis. Mientras los cubanos, de una orilla o de otra, no nos dejemos arrebatar por su falso oro, ya no será tan fácil convertirnos en rehenes.

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