EL MISTERIO DE LA PATRIA

✍ Pedro Armando Junco
📷 Mario Ramírez

Muchos han dado like al comentario de apoyo que escribí a Yoani Sánchez ante su vertical postura de permanecer en Cuba contra viento y marea, sumando a la suya —y a la de muchos más— mi determinación de nunca abandonar la patria pese a todas las consecuencias que esto pudiera acarrearme.

Por Martí supimos que un desterrado es igual a un árbol plantado en el mar. Nadie mejor que la diáspora cubana conoce del violento desarraigo del ausente; y aunque muchos consiguen superarlo y hasta se adaptan, vencidas las carencias materiales, siempre se sufre la condena espiritual del emigrante al que han robado un pedazo de alma.

Por eso y por otras razones todavía más inefables, en Cuba quedamos ciudadanos eximidos del destierro por voluntad propia, aun con todas las prerrogativas abiertas para el éxodo, soportando la miseria económica y social, el acoso institucional por reclamar nuestro derecho a ser libres y auténticos, la marginalidad en los asuntos públicos con la inherente sordera gubernamental ante cualquier señalamiento de lógica tangible, los escapes de esquina de quienes alguna vez nos llamaron amigos y las miradas frías —y hasta reprobatorias— de una parte de aquellos por los que levantamos la voz.

Pero si alguien me pregunta concretamente por qué no me voy, no podría más que decirle: ¡por el misterio de la patria!, que solo a través de este poema homónimo he atisbado a definir:

Patria es aquel guayabo retorcido
y el bando de gorriones que lo habita,
la escalerilla de mi templo
subida y bajada tantas veces,
y lo eres tú
cuando me besas o me escupes.

Patria es el ladrido de mi perro
al descubrir un visitante,
el pregonero que me aturde,
y ese idiota que estafa en el mercado.

Patria es también aquel tunante
cargado de papeles absurdos,
y el paria que a la postre
se burla de su propia desdicha.

Patria es mi hija contrariada
a la hora de internarme en el asilo,
el varón que me arroba con ternura
y la amante agradable
con su pelo rizado y a mi sombra.

Patria es mi hábitat sin drogas y sin armas
aunque descamisado y algo hambriento,
el extraño que veo cuando me atasco
y me ayuda a salir hasta el camino.
¿Y por qué no
este que por la jarra de cerveza
evacua sus derechos de hombre,
aquella muchacha de mi parque
compañera senil por circunstancias,
ese hotel que no puedo
y el viaje al exterior que nunca alcanzo?

Patria es mi hermano prisionero
por atreverse a hablar lo que no digo.
Y lo es Martí
colérico
cuando le pregunté: «¿Quo vadis Domine?»

Patria es mi madre
enferma y desvalida
y se me hace imposible abandonarla.

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