LA FOTO DE MI ARRESTO

✍️ Henry Constantín
📷 Neife Rigau

Hace hoy un mes exactamente, estaba ya dentro del calabozo 1 en la Segunda Unidad de la Policía, de Camagüey. A las tres de la tarde me habían detenido, cuando todavía faltaba una hora para que Díaz-Canel dijera lo de “la orden está dada” –nunca aclaró dada por quién, porque la frase un presidente que de verdad da órdenes, hubiera dicho “he dado la orden”.
En la foto, Richard Álvarez Medina, alias Jonathan, el que quince minutos antes había cargado y arrastrado a Iris Mariño en ese mismo lugar, me aguanta por la espalda –típico de este agente que “atiende” la AHS y a la gente del arte en general, que interroga y amenaza jóvenes artistas pero tiene Whatsapp para escribirse con sus tíos emigrados: a los hombres los ataca por la espalda, a las mujeres las arrastra. Era la plazoleta de las Cinco Esquinas de Camagüey. Ahí me están esposando ya, después que he gritado bien alto “¡Soy Henry Constantín, periodista! ¡Patria y vida!”. El teléfono me lo ha quitado uno de los policías de la patrulla 405, que luego me llevará hasta la Segunda Unidad de la PNR.
El capitán de la Seguridad del Estado Liéster Pimentel Jiménez está de suéter azul y de espaldas a la cámara, acercándose a mí o a su jefe, en busca de órdenes. Ese Liéster es alias Frank e hijo de Leonor ¿ella, la madre, tendrá un alias también? ¿Será ella la que le habrá enseñado, antes de irse casada para España, esto de quedarse mirando cómo un hombre arrastra una mujer y uno no se mete a defender a la mujer, sino todo lo contrario? Y ese mismo, Liéster Pimentel es padre de un niño llamado Gael -¿le estará enseñando Liéster a Gael, cuando llega a casa después de amenazar y encarcelar gente, a amenazar y encarcelar juguetes? ¿A mentir y ordenar maltratos a otros juguetes, o mascotas, o solo a los juguetes y mascotas contrarrevolucionarias? ¿Qué le enseña un oficial de “Enfrentamiento a la Contrarrevolución” a su hijo?
En lo que la patrulla 405 y los mudos policías que me arrestan ruedan conmigo hasta la Segunda Unidad, por toda la calle Cristo y de ahí por 20 de Mayo, Christian se acerca a Neife (es un alias que se esfuerza en esconder, tiene miedo, mucho miedo, más que Virgilio Piñera). En La Hora de Cuba estamos interesados en tener información sobre la identidad real de Christian. Él –a saber si escribe su alias con h, en medio de la moda de los agentes camagüeyanos de tener alias que suenen yanquis: Kevin, Jonathan, Frank, Christian- en la foto es el de la gorrita roja que mira a cámara. Le grita a Neife “la calle es de los revolucionarios”, precisamente en un día que ha quedado claro que la calle es de la policía y del gobierno a duras penas, mientras den golpes y tengan calabozos y la gente sea mayoritariamente pacífica del otro lado. “Vete pa Francia si no te gusta esto” le sigue gritando a Neife, “te voy a quitar el teléfono”. Al final la manda a arrestar por un par de policías, y él mismo la lleva en condición de detenida a la Segunda Unidad de la PNR, en un lada que le han asignado, rojo y roto al punto que el humo le entra por abajo.
Mirando de cerca la foto, descubro –porque lo vertiginoso del arresto me había hecho olvidarlo- que el último gesto que mantuve antes de que me cerraran las esposas fue la L de Libertad. Primera vez en mi vida que hago ese símbolo. Luego Neife me cuenta que mientras iba detenida, por la ventanilla derecha del mismo lada rojo y roto, sacó la mano y en plena Carretera Central, gritó con su voz delicada y noble: “¡Patria y vida!”. “Mira eso”, le dijo Christian, “no tienes ni fuerzas para gritar alto”. No, Christian, estás equivocado: la fuerza no nos viene de gritar alto. Tenemos fuerzas porque tenemos fe. Y ahora, después del 11 de Julio, sabemos también que tenemos pueblo. La L de Libertad no se la quita Cuba de arriba ni con toda la represión del mundo.

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