A FALTA DE PAN, CIRCO

✍ Freyser Martínez

La acera pintada con lechada de cal y el llamado a los vecinos de la comunidad al saneamiento de la misma, o hechos de esta naturaleza en centros de trabajos, durante décadas han sido y son en Cuba, crónicas de una visita anunciada. Entonces, uno se pregunta qué pueden resolver los visitantes si llegan a un lugar previamente anunciados, y luego todo está en aparente orden.

Después de los sucesos del 11 de julio, arrancó esa maquinaria que al parecer estaba dormida, de altos dirigentes en visitas a barrios. Nada nuevo bajo el sol. A falta de pan, circo. Y no estamos hablando únicamente ya del pan físico, ese que se lleva a la boca y que es símbolo de otras tantas hambres. Ahora el pueblo cubano habla y exige las libertades económicas que por muchos años han paralizado el emprendimiento y el desarrollo en una nación que lo tiene todo para crecer.

Primeramente, no se debería usar el término “visitas” para estos eventos teatrales, coordinados de antemano, en los que se zurce la ropa vieja y se maquilla al barrio. Ese día surten a los mercados, casillas y centros gastronómicos con productos que desde hace mucho no había y que milagrosamente aparecen. Los dirigentes se dan un «baño de pueblo”, casi siempre cuando la suciedad de sus gestiones les llega a la garganta. Ese día sus autos de lujo, cuyos salarios no pagan, se atreven a surcar la marginalidad sin asfalto de los barrios, y el agua que no venía hace una semana se acumula en el lodo que salpica sus trajes de marca.

Estos de ahora están intentando resucitar lo aprendido en la vieja escuela del castrismo. Sin embargo, la realidad es otra, el pueblo está cansado de las mentiras y las falsas promesas, que luego quedarán archivadas en alguna gaveta carcomida de los ministerios. Estos dirigentes, cuadros políticos, o como se les quiera llamar, se dan baños, pero de populismo y mediatización autorrentadas.

Todo el mundo sabe que ninguno de ellos tiene que levantarse pensando en qué pondrá a la mesa de sus hijos. Mucho menos en cómo cocinar cuando te cortan la corriente por cinco largas horas, o la carencia de un calmante cuando el dolor o la enfermedad —de la que parecen impunes—, nos aquejan. Para ellos está todo, de momento, resuelto.

¿Por qué no van a los barrios sorpresivamente? ¿Por qué no viajan en autos menos lujosos? Mire, solo hay que observar las mascarillas que usan para la covid, dando al traste con las de los habitantes de esas comunidades que han tenido que inventarlas con trozos de tela.

La historia se repite, y repica en los oídos del ciudadano esa fórmula maquiavélica de “fortalecer los mecanismos de control popular”. No sé a ustedes, pero a mí esta frase me suena descaradamente oportuna… para sus propios intereses. ¿Controlar para seguir en el poder, mientras las vueltas del tornillo ajustan nuestra realidad al mismo afán totalitario? No, gracias. Sin pan salieron muchos el 11J, y el circo ya agotó todos sus números.

📷 Miguel Díaz-Canel en su visita al barrio La Güinera, en Arroyo Naranjo, La Habana (Agencia Cubana de Noticias)

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