LA PERSISTENTE CAÍDA DEL SISTEMA

✍️ Mildrey Betancourt Rodríguez
📸 Yunier Gutiérrez

Acompáñame a la cola. Dijo Liz y me agarró por el brazo mientras hablaba sin signos audibles de puntuación. Su oferta tentadora no lo era tanto, debido a mi cansancio físico, pero accedí. Fuimos a Zona +, una tienda en Moneda Libremente Convertible (conocidas por sus siglas MLC) de mi ciudad colonial cubana.

Liz tiene expresión de ingenuidad y calle a la vez. De verdad quería hacer algo bueno, en el contexto manso de su cristiandad. Es bella como un aguacero en mayo, y lo mismo duda que acierta. Pero llegamos a la cola.

Tuvimos una breve polémica sobre proyectos comunes, y nos zambullimos en un océano de reflexión. Por eso no notamos el rumbo que tomaba el bulto de señoras debajo de las sombrillas. La gente acampó en un árbol pequeño, pero suficiente para pensar más en la sombra que en la COVID-19. Entre voces que, aunque mezcladas, eran fácilmente entendidas, frases como: «Esto es una falta de respeto», «siempre es lo mismo», «de aquí no nos vamos hasta que nos dejen pasar»… bombardearon al señor mayor que anunció el final de las ventas del día, tras la talanquera entre la tienda de ensueños y la realidad más cruda.

¿Quién desata los golpes, durante tanto tiempo reprimidos en el alma, en defensa del niño que no recibirá su helado o la anciana que no tomará su sopa? Cuerpos sudados, cansados del pretexto de turno para ser más mansos de lo humanamente permitido, pasaron la barrera hasta el portal de la shopping y desfilaron hacia el cristal que anuncia el fin del camino. El cristal es una línea entre dos mundos: el de la vendedora cansada de luchar contra sus cargas, y afuera, los hijos del sol en busca de un alivio en moneda fuerte, libremente convertida en basura ante el maltrato. Un cristal entre dos tiempos en el mismo contexto nacional de ansiedad e impotencia.

El producto está dentro, pero Liz, la cola y yo, no entraremos. Alguien dice que se atrasó la venta porque el sistema se cayó esta mañana, refiriéndose a algún aparato electrónico con un no sé qué propósito de fallar cuando más lo necesita el pueblo. La cosa es que siempre está caído el puñetero sistema, y de extraña forma, vuelve a levantarse con algún invento innovador, pero ahí sigue, sistemáticamente mal, funcionando en el corazón de todo.

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