LA LÓGICA DEL SEIS POR CINCO

✍ Freyser Martínez
📷 Nachely Rivero

Muchos son los trucos que las personas usan en Cuba para determinar cuánto gas licuado les queda antes de ir por el rellenado. Hace algún tiempo, si uno se quedaba sin el combustible, simplemente iba, quizás marcaba la fila y resolvía. Pero la realidad en estos momentos es otra.

Las interminables colas para comprar obligan a que muchos tengan que madrugar para poder adquirir el producto. Otros que por sus trabajos no pueden ir a los puntos de abastecimiento, dependen de los servicios de mensajería. Gracias a estos emprendedores las familias que trabajamos dentro de un país lleno de dificultades podemos acceder a recursos tan necesarios como los productos de la canasta básica, las medicinas y el gas.

—Seis por día solo me despachan —me dijo mi mensajero y el sonido de las sílabas sonó como un disparo—. Un día antes debo entregar los vacíos y solo de lunes a viernes —prosiguió.

Desde entonces he estado preguntándome el porqué de la limitación. Busqué información en las páginas de Cupet (Unión Cuba Petróleo), organismo encargado de la distribución del gas en la isla, pero jamás di con la respuesta. Sin embargo, pude atestiguar de cerca cómo en Las Tunas se despachaban hasta quince cilindros por mensajero; es decir, más del doble de lo permitido a sus homólogos en la ciudad donde vivo: Camagüey, que al ser una de las más pobladas de Cuba, debiera facilitar el tráfico diario del preciado producto.

Al no poder encontrar la explicación en los medios oficiales, como el Portal del Ciudadano en Camagüey, entre otros, acudí al método más tradicional: preguntar. La respuesta más común no fue, como esperaba, sorpresiva, a pesar de la perplejidad inicial:

—Resolución PMC —me dijo otro mensajero y ante mi desconcierto aclaró—: por mis coj… —que como es obvio no traduciré, pero es de todos los cubanos conocida.

Una decisión adoptada por funcionarios indolentes, como parte de su rigidez habitual a la hora de encontrar soluciones que favorezcan a la población.

Una familia que no tiene cómo medir el gas que le queda, debe intuir el contenido del botellón y anticiparse para entrar entre los seis afortunados del día en los cinco días de la semana habilitados, o esperar una vez gastado todo el gas un día más para cumplir con la burocracia de esa industria.

Así, si su turno corresponde a un viernes, recibe su cilindro el lunes, porque los sábados no les despachan a los mensajeros, como un acápite más a la demora y la desidia. Y eso en el caso de que los demás factores de la «suerte» no le fallen, y no se encuentre, como me ha pasado a mí, con que el carro que transporta los botellones sufrió una avería, y su via crucis para elaborar los alimentos se extienda o se remonte a mecanismos ancestrales.

El país al que los ilegítimos gobernantes piden poner corazón no tiene el suficiente gas para llevar a las cocinas del pueblo y prefieren enquistar el problema con soluciones paralíticas como el propio estado. Mientras, la lógica del seis por cinco no da la cuenta y el combustible del descontento sigue haciendo presión en la olla.

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