GRACIAS, RAÚL RIVERO

✍ Henry Constantin
📷 El Nuevo Herald

Murió Raúl Rivero en Miami. Uno de los fundadores del periodismo independiente cubano, pagó con cárcel en la Primavera Negra la calidad e independencia de su escritura. Cuando lo excarcelaron, yo era estudiante de periodismo en Santiago de Cuba y alguien nos dio la noticia, en secreto. Alegres, mi amigo de disidencia universitaria Ernesto Morales y yo nos fuimos después de comida a un teléfono público en la esquina de las oficinas de ETECSA detrás de la salida trasera del ISPJAM, y llamamos a su casa.

El número lo había conseguido yo tiempo antes. Nos salió su esposa, Blanca Reyes, no pudimos hablar con él pero le dejamos el buen deseo de los dos estudiantes de periodismo. Supongo que alguna grabadora de la Seguridad haya conservado la breve llamada. Ingenuamente no pensé mucho en la vigilancia del MININT y el peligro que corría mi carrera universitaria por eso. Aunque si lo hubiera sabido, igual lo hubiera hecho. A uno le cuesta trabajo reprimir su osadía cuando sabe que hay otros más osados en Cuba.

En Miami, cuando pude ir allá nueve años después, lo conocí en vivo. En ese momento, los roles se habían invertido: ahora el periodista independiente era yo. Dos o tres veces coincidimos en eventos y un par de fotos nos tomó Blanca. Obeso él, flaco yo, esas fotos que he perdido, además de cómicamente desequilibradas me reafirmaron en mi sentido de relevo, de corredor de resistencia en esta larga y a veces agotadora carrera de larga distancia que es hacer periodismo libre en una isla presa y perseverar hasta verla (hacerla) libre. En esos breves encuentros pude dejarle claro cuánto lo admiraba por su anterior trabajo en Cuba.

Por las vueltas de la vida, terminé ocupando el mismo cargo de la Sociedad Interamericana de Prensa que desempeñó él antes de caer preso: vicepresidente regional para Cuba de la Comisión de Libertad de Prensa.

Un libro de crónicas de él fue la delicia y salvación en uno de mis decenas de viajes Camagüey-Habana. Casualmente, lo empecé a leer mientras esperaba transporte en Ciego de Ávila, y de tan bien escritas, amenas, y cubanas que eran sus crónicas, al llegar a La Habana ya lo había terminado. Muy poco de su trabajo pude leer en la época en que él estuvo en Cuba: el régimen perseguía con bastante saña lo que escribían Rivero y sus colegas, y los cubanos estábamos condenados a la televisión, los periódicos, las revistas y la radio estatales: todo muy estático. Casi todo el periodismo que se producía en el archipiélago de ese entonces era fabricado por los medios de Fidel Castro. Excepto el de los periodistas independientes, como Raúl Rivero. Gracias por abrir el camino. Gracias a ustedes, aquí seguimos.

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