ESTAFADORES: LA PANDEMIA QUE NOS DEJA LA CRISIS

✍️ Inalkis Rodríguez
📷 Facebook (algunas publicaciones advirtiendo de estafas)

La crisis económica, el mal manejo de la economía y el aumento de los precios de los productos básicos en Cuba, dan rienda suelta a una pandemia que el régimen no sabe, o no puede o quiere, controlar: los estafadores que hacen de la necesidad ajena el pan propio. Entre los platos fuertes de estos delincuentes modernos encontramos estafas con productos para la alimentación, como el aceite; para la construcción, como el cemento, o incluso en el mundo digital, con las transacciones en Moneda Libremente Convertible (MLC).

Múltiples son las publicaciones en las redes sociales sobre estos sucesos. Los llamados estafadores se las ingenian para crear los productos lo más parecidos posible a los originales. Con el caso del aceite, logran una combinación perfecta, a tal punto que el contenido fraudulento pasa desapercibido. El mismo color, olor y si decides probarlo, quedas satisfecho, pues el verdadero aceite está arriba en el pomo, mientras que el resto es puro invento.

Según la descripción de varias víctimas de este ardid, en Camagüey uno de los estafadores del aceite es un hombre de tez negra, que suele vestir con ropa blanca y se presenta como trabajador de una panadería, de la que, supuestamente, ha extraído el preciado líquido. Un relato coherente, mal que nos pese, con la corrupción que azota a la isla y con el cual el ladrón justifica el precio más barato que funciona como gancho de su timo.

Por otro lado, también en la ciudad agramontina, se reporta el caso de Richard, o así se hace llamar el individuo que engaña a los ciudadanos vendiéndoles un presunto cemento que en verdad no lo es. Una víctima, que prefirió conservar el anonimato, nos refiere que el hombre, bastante joven, la visitó varias veces antes de ofrecerle su «cemento»: sacos de teja de fibrocemento molidas, según confirmaron albañiles de experiencia.

El mismo modus operandi se repite en otras denuncias sobre Richard. Incluso, una víctima asegura que fue obligada a comprar el producto, luego de que el estafador invadiera su vivienda y esta se negara a comprar los sacos del falso cemento que le ofrecían. En el caso referido a este medio, la forzada clienta accedió a comprar tres sacos por valor de 40 dólares americanos, con los que logró aplacar el descontento de Richard, quien dejó su número de teléfono, o eso dijo, como prueba de confianza antes del exabrupto: 58 84 73 86.

Afortunadamente, la cosa no fue a males mayores. En cambio, en Santiago de Cuba, este 4 de abril asesinaron a Edgar Gutiérrez Candevat, de 45 años de edad, como resultado de un posible asalto para robarle. Según lo publicado por varios medios de la prensa idependiente, la víctima fue hallada con el abdomen abierto y varias heridas, provocadas por un arma blanca.

Gutiérrez Candevat residía en San Magin, entre Avenida Martí y Crombet, y según testigos había ganado alrededor de 700 000 pesos en el juego de la bolita, como se le conoce popularmente a la lotería cubana, lo que lo convertía en blanco de los actuales índices de delincuencia, en alza según reconoce el propio estado. El pasado 9 de abril fue también asesinado a manos de ladrones, en Santiago de Cuba, Armando Batchelor.

Con solo revisar los grupos de Facebook conocidos como Revolico y poner en el buscador «estafa», uno se puede encontrar decenas de publicaciones que advierten de alguna variante de artimaña, desgraciadamente narrada por víctimas ante la inacción de las autoridades. Ahora mismo los trucos para robar MLC están en el número uno de las estafas. Son muchos los que lamentablemente caen en la trampa del mal intencionado, dan sus datos personales, números de tarjetas, pagan por la ansiada moneda virtual y jamás reciben tal dinero.

Tal es el caso, difundido en las redes, de la youtuber cubana Dina Stars, quien asegura haber perdido 21 000 pesos de esta manera. Estos tipos de personas no estafan al sistema, sino que usan cuentas y nombres falsos, burlándose de la ausencia de mecanismos de seguridad en las plataformas nacionales y de la ingenuidad del cubano, que recién comienza a mercadear con las divisas digitales en un país sumido en el atraso.

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