PENSIÓN + INFLACIÓN = DESAMPARO

✍️ Freyser Martinez
📷 Nachely Rivero

“Subirán la seguridad social”, me dijo mi gestor económico, y lo primero que pensé y le dije fue: “cuando tenga 65 años no sé si el dinero de mi pensión servirá para algo”. Quizás fuera pesimista de mi parte, pero al salir a la calle me encontré con la cruda realidad que vivimos los cubanos, en la que ni salarios ni pensiones alcanzan para sortear los elevados precios del mercado.

Mientras, la burbuja de la inflación sigue creciendo, en el país más envejecido de Latinoamérica, envuelto en una crisis migratoria que arrastra a los más jóvenes y capaces en busca de mejores oportunidades en cualquier otro lugar. La supervivencia se torna cada vez más ardua en la isla y son los pensionados, ancianos y personas incapacitadas para trabajar, quienes más se resienten la situación.

El aumento de las pensiones, visto por muchos ingenuos como una aparentemente buena acción al comienzo de la llamada Tarea Ordenamiento, fue como humo, tóxico, que se escapó de las manos de tantos abuelos que pensaron que por fin podrían descansar. Es difícil, después de una vida de trabajo y cuando las capacidades de emprender escasean, no caer de bruces en el pantano de la economía cubana.

Con una subida de hasta 5.45 veces la pensión mínima, los nuevos honorarios significaban una suma a tener en cuenta, en el caso de que usted tuviera la facultad de regresar en el tiempo a la época en la que los productos, de todo tipo, costaban un 77% menos de lo que cuestan ahora.

No exagero, más bien me apego a las cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, cuyo escalafón, bastante comedido, habla de crecimientos hasta febrero de este año en un 61,90% de los precios por recreación y cultura, 41,87% del costo de alimentos y bebidas no alcohólicas, 23,67% en bebidas alcohólicas y tabacos y 14.72% en restaurantes y hoteles. Desde luego, estas son las cifras del sector estatal, promediadas, pero, como se sabe, de lo que vende el estado no vive el cubano, y de lo que vive, mal que nos pese, tendríamos que hablar de una inflación de más del 500%, como asegura un estudio publicado en EFE.

Para ser más concreto, pongo un ejemplo: con suerte, una pensión de hoy en día (entre los 1000 y 1500 pesos) alcanza en Cuba para tres libras de carne de puerco (a más de 150 pesos la libra), una libra de queso (200 pesos), un litro de aceite (150), y gastos como el pago de los mandados y del dichoso módulo, cuando llega. Sin contar electricidad, gas, medicinas y otros tantos etcéteras.

La fórmula es simple y desoladora: pensión + inflación = desamparo.

¿Que deparará el futuro para este sector sensible de nuestra población? Al caminar por cualquier ciudad de nuestro país es común ver ancianos a la entrada de los mercados, vendiendo productos que van desde bolsas de plástico y periódicos hasta cualquier otro que les permitan las fuerzas de la edad y las posibilidades, a riesgo de ser multados por inspectores.

Por más que el discurso oficial repita que nadie quedará desamparado y existan programas de atención al adulto mayor, entre la escasez de productos de primera necesidad, la falta de medicamentos y la inflación, lo cierto es que nuestros ancianos y pensionados están desprotegidos. Mientras, el régimen gasta cifras millonarias en la construcción de hoteles de lujo que ninguna pensión en la isla puede costear.

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