LAS EXPLICACIONES NO TERMINAN LOS APAGONES

✍️ Madelyn Sardiñas Padrón

Hace apenas unos días, becados de la Universidad de Camagüey protagonizaron una protesta por los excesivos apagones que aún persisten, especialmente al interior del país, donde se mantienen las interrupciones por doce horas seguidas en ciertos lugares. Estas protestas fueron animadas por una conga que ha trascendido en redes sociales como la “Conga PLCP”. En la noche del día siguiente, en Manzanillo también salieron a las calles por la misma razón y acompañados también de su conga.

Para no perder la costumbre, no se hizo esperar la presencia de la Seguridad del Estado. Los muchachos solo reclamaban algo tan elemental como agua potable y fluido eléctrico, para cubrir sus necesidades básicas y cumplir el propósito que los alberga en una institución de este tipo: obtener un título universitario.

De inmediato comenzaron a publicarse juicios y comentarios de seguidores y detractores del gobierno cubano. Los detractores vaticinaban una rebelión popular, lo que a mi juicio es algo muy prematuro, a pesar del antecedente que representa el 11J, pues muchos de los que tuvieron el valor de hacerlo entonces están presos o han emigrado por razones que no pretendo comentar aquí. Los seguidores, por su parte, no tardaron en calificar la protesta como una maniobra de los enemigos de la “Revolución” lo que, en mi opinión, es un pensamiento que ya resulta enfermizo.

Pero, ¿cuál fue la respuesta de quienes dirigen el país? Una comparecencia televisiva de Miguel Díaz-Canel y otras figuras relacionadas con el asunto para, como siempre, “explicar” la situación y culpar, por encima de todo, al “bloqueo yanqui”. ¡Cero disculpas! ¡Cero determinación de responsabilidades! ¡Cero movimiento de “cuadros”!

Que si la tecnología es obsoleta y que si los mantenimientos no pudieron ejecutarse en los momentos previstos por falta de piezas que no se pueden adquirir por el “bloqueo”; que si los trabajadores están dando todo de sí para restablecer y estabilizar el servicio eléctrico a la mayor brevedad posible; promesas de inversiones que, al menos yo, llevo más de treinta años escuchando. Nada de la falta de agua potable. Puede que en la emisora provincial se haya hablado del tema, pero con doce y más horas seguidas de apagón, ¿cuántos pudieron, al menos, enterarse? Y, para variar, el 18888, número telefónico dispuesto para atender las quejas de los clientes de la Unión Nacional Eléctrica, era inalcanzable, aunque el 32240409, número telefónico con igual función en la Empresa de Acueducto y Alcantarillado en Camagüey, no se quedaba muy atrás.

Hace cerca de treinta años la obsolescencia tecnológica del sistema electroenergético nacional fue reconocida públicamente por quienes gobiernan Cuba, de modo que hoy no es noticia, aunque después de aquello se hayan adquirido los llamados grupos electrógenos. Tal reconocimiento se hizo más de treinta años después de 1959 cuando la entonces Unión Soviética cortó suministros que hasta entonces habían sostenido una economía ficticia. Fue entonces que salió a relucir el embargo norteamericano como excusa a todos nuestros males.

Aclaro que las medidas económicas de Estados Unidos hacia Cuba tienen un impacto en la vida del país, pero no son la raíz de nuestros males. Largos años de malas prácticas en todos los ámbitos de la economía y el desarrollo empresarial, desde la planificación de las inversiones hasta la gestión de las operaciones, nos han conducido al escenario actual. ¿Por qué no se hicieron las inversiones adecuadas cuando hubo dinero para ello? Buena pregunta, cuya respuesta debe estar engavetada en algún lugar o formar parte de ese sin número de libros, entrevistas y publicaciones censuradas o en la memoria de alguien a quien no le conviene salpicarse, si es que aún forma parte del mundo de los vivos. La transparencia no ha sido, ni es, precisamente una virtud del gobierno cubano.

Pueden decir todos los números que quieran —que, naturalmente, no son entendibles para todos— que si no prevén el mantenimiento todos los aspectos relacionados con el aprovisionamiento de suministros para su realización, los equipos van a fallar. El fallo aquí es de gestión empresarial, específicamente en la gestión logística del mantenimiento, que no garantiza la oportunidad en el suministro de las piezas que se necesitan para ejecutarlo en el momento planificado y esto no tiene nada que ver con el bloqueo. Si se conoce la dificultad que implica el embargo de Estados Unidos para contratar la fabricación de las piezas, hay que adicionar el tiempo que puede tardar en encontrar a un fabricante que esté dispuesto a hacerlo, al tiempo normal que pudiera tardar el cumplimiento del contrato.

He visto toda una disertación acerca de la complejidad tecnológica de la generación de electricidad en plantas termoeléctricas. Sí, es complicado, pero el mundo entero lo hace y evitan por todos los medios posibles tener que dar explicaciones a sus clientes por mal servicio. ¿Cómo lo hacen? ¡Ponen el dinero donde tienen que ponerlo y hacen lo que tienen que hacer en el momento en que hay que hacerlo! ¿Por qué no inició antes y de manera acelerada la inversión en generadores de electricidad a partir de energías renovables? ¿Por qué se compraron los grupos electrógenos, que utilizan un combustible aún más caro que el que se usa en las plantas termoeléctricas, en lugar de parques eólicos o solares? ¿Por qué se decidió utilizar el crudo nacional a pesar de las múltiples advertencias de ingenieros de todas las especialidades acerca de sus consecuencias? ¿Por qué más de treinta años después de empezar a usar el crudo cubano, sin que haya un método efectivo para eliminar, o al menos reducir, su contenido de azufre, se sigue utilizando, a pesar de haber palpado las consecuencias? Hasta que no se aprenda que lo que se ahorra en inversión, se gastará luego multiplicado en operación y mantenimiento, no habremos aprendido nada de negocios.

Pero bueno, ¿qué se puede esperar de “políticos” enfermos de poder, que interpretan una protesta de estudiantes como una maniobra enemiga y actúan en consecuencia?

Aquí el fallo es, nuevamente, de gestión empresarial al tomar pésimas decisiones estratégicas en materia de inversiones, lo que tampoco es raro en un ambiente donde las decisiones las toman políticos que aún no han entendido que sin energía eléctrica no hay desarrollo posible en el mundo actual y así será por mucho tiempo. Obviamente, esto tampoco tiene nada que ver con el “bloqueo”.

No estoy al tanto de cómo funciona realmente el mantenimiento de cada elemento del sistema electroenergético en Cuba. Sin embargo y a pesar de las “explicaciones”, saltan a la vista detalles que vale la pena revisar. El mantenimiento no es solamente desarmar, limpiar, cambiar una pieza por otra, armar y comprobar el funcionamiento, sino que lleva una parte esencial que es la información del mantenimiento. En el caso específico de las unidades generadoras de las plantas termoeléctricas, precisamente por ser tan viejas, deberían haber aprendido hace rato a conocerlas lo suficiente como para no encontrar “averías inesperadas al abrirlas”. Muchas veces, el conocimiento que se adquiere a través de la experiencia práctica no se documenta y, por tanto, no llega a formar parte de la memoria del mantenimiento en sí, sino que permanece en la mente de los que vivieron la experiencia, quienes, en el mejor de los casos, la transmiten a su manera a las nuevas generaciones y, en el peor, la aplican mientras dura su vínculo y luego la llevan consigo a la tumba o al extranjero. De un país del que tanta gente se va, no es raro que ese conocimiento se pierda y si, encima, el salario se recibe con independencia de la calidad del trabajo realizado, pues peor.

Otra vez, el problema es de gestión empresarial; en este caso, de gestión de los recursos humanos, de gestión de la información empresarial y de gestión de los recursos financieros. ¡Nada que ver con el embargo!

Volviendo a la protesta en sí: he leído opiniones acerca de que la vía que utilizaron los intérpretes de la conga PLCP no era la adecuada para canalizar su “inquietud”, porque en los años ʼ90 también hubo situaciones y los estudiantes de entonces no hicieron tales protestas. Primero, han transcurrido casi treinta años y la actual es una generación conectada con el mundo; la nuestra —porque también soy de aquella generación— estaba aislada; segundo, gracias a esa conexión la generación actual es más consciente de sus derechos como seres humanos y, tercero, los programas educativos de los años ʼ90 no tenían, ni remotamente, la dependencia de las tecnologías de la información y las comunicaciones que tienen los programas actuales. Entonces, no es racional esperar que su comportamiento sea igual.

Por otra parte, hace rato que la tendencia a responder a las inquietudes con explicaciones, justificaciones y promesas que luego no se cumplen, se convirtió en hábito. Obviamente, esas explicaciones, justificaciones y promesas no garantizan estabilidad en el suministro de agua y energía eléctrica, los justos reclamos de los protagonistas de la protesta en la Universidad de Camagüey.

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