MARTÍ ¿SOCIALISTA?

✍️ Colaboración especial
📷 Reproducción de un cartel de Eladio Rivadulla

“Dos peligros tiene la idea socialista: el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados. Unos van de pedigüeños de la reina. Otros pasan de energúmenos a chambelanes.”¹

José Martí

Las imágenes dominan nuestra forma de percibir la realidad, de ahí su relevancia en publicidad. Causan mayor efecto si combinan elementos sugerentes con slogans. Así, casi cualquier cosa, con buena publicidad, puede ser vendida. Cuando los esfuerzos de esta actividad se enfocan en promover una ideología se le denomina “propaganda”, una forma de comunicación que deja profundas huellas en la mentalidad colectiva cuanto más tiempo influye sobre una comunidad determinada… Y la imagen es un arma poderosa de propaganda.

Los cubanos, aislados en la burbuja comunista, hemos sido bombardeados durante más de medio siglo por la propaganda basada en imágenes, al punto que la mayoría ignora totalmente aspectos elementales de la historia patria y los próceres. Hoy, algunos jóvenes se sorprenden al descubrir que nuestro héroe nacional y padre fundador, José Martí, era un liberal republicano que, a pesar de estar al tanto de las ideas socialistas y los postulados marxistas, elogió conscientemente al sistema capitalista.

El conocimiento superficial y confuso que tienen las nuevas generaciones de esta figura, incluso, el rechazo que le hacen, está originado en la saturación de mensajes y eventos martianos y la prostitución a la que ha sido sometida su imagen en beneficio del régimen, que lo ha presentado como pro socialista en todos los medios de comunicación y formatos posibles.

La propaganda comunista moldeó la historia de Cuba a su antojo, llevándola hasta parajes ridículos e insospechados, y difuminó las fronteras entre lo “martiano” y lo “socialista” echando mano de algunos trucos publicitarios, los medios de comunicación y, last but not least, las escuelas.

En este proceso macabro de tergiversación y desarraigo, la primera imagen que viene a mi mente es la de Fidel Castro junto a un cuadro de Martí, “el autor intelectual del Moncada”. Una fotografía tomada con toda intención de legitimar la causa y el líder apelando a la autoridad de la figura cimera y respetada por todos, relegada a segundo plano.

Después de 1959, una vez que los intelectuales oficialistas decidieron cuál era la mejor forma de abordar el personaje, de modo que no se mostraran las contradicciones entre las ideas martianas y el proceso revolucionario, se comenzó a vincular al Apóstol con los símbolos del sistema. Sus frases, descontextualizadas, hasta sirvieron para justificar las escuelas al campo: “el vínculo estudio-trabajo”. Tuve una maestra que llegó a afirmar que Martí conoció a Ho Chi Minh, basada en la portada de un libro. Las ilustraciones y textos de las cartillas de primaria también contribuyeron a la formación ideológica del “hombre nuevo”, en una época en que era más importante ser “revolucionario” que buena persona o profesional capacitado.

Los mayores de seguro recordarán aquellas escenografías de los congresos del Partido Comunista de Cuba (PCC) que exhibían al Apóstol junto a Marx, Engels y Lenin. Según estos montajes, Martí y el PCC eran una misma cosa, él estaba en la base y los iluminaba, por tanto, todo lo que saliera de allí sería de inspiración martiana, aunque en la realidad oliera a rancio estalinismo. Martí, presentado así, no sólo aprobaba el proceso sino que demandaba de todos la defensa de la “revolución”. Salvo unos pocos que siempre opusieron resistencia silenciosa en el estrecho marco familiar, la mayoría se dejó alienar por estas imágenes y discursos retorcidos.

Después de los noventa, con el descrédito del modelo soviético y la debacle de la economía cubana, Marx, Engels y Lenin desaparecieron de los medios, los panfletos, las paredes y los afiches, y la propaganda se centró en Fidel Castro, Martí y la batalla de turno (Elián, los cinco, el mosquito, etc.). Cuando creímos que lo habíamos visto todo, llegaron los slogans de “Somos continuidad” estampados en imágenes que se empeñan en sugerirnos que Martí ratifica la gestión de Canel, y los carteles reciclados de Eladio Rivadulla, que, en una nueva versión, nos aseguran que Fidel es la reencarnación de Martí, o peor, que Martí sólo fue el profeta precursor de Fidel, el Mesías, “un hombre sincero”.

Un cartel surrealista, este último, que refrenda el error inconsciente de muchos adolescentes cubanos que creen a Martí socialista, moncadista y rebelde, muy a tono con la actitud ridícula y desesperada de la cúpula gobernante y su discurso apologético del desastroso modelo cubano, que sólo se sostiene por el miedo y la ignorancia de todo un pueblo… y las remesas de los emigrados.

¹ O. C., t 3, pp. 167-168.

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