LOS APAGONES SON UNA VERGÜENZA

✍️ Madelyn Sardiñas Padrón
📷 Inalkis Rodríguez

Díaz-Canel y su comitiva se quedan cortos cuando dicen que los apagones son molestos; los apagones son mucho más que eso. Para empezar, los apagones pueden virarte la vida al revés al tener que cambiar los horarios de vida de las personas.

Téngase en cuenta, que hace poco más de 15 años pusieron a la gran mayoría de los cubanos a cocinar con electricidad, que el servicio de gas licuado no llega a todas partes, que allí donde existe no todos tienen la posibilidad de emplear 500 CUP de un palo, más lo que puede costar un fogón para hacerse de un contrato y, luego, dedicar 180 CUP mensuales, si no tiene que pagar un mensajero, para cocinar con gas y que el suministro de querosene y alcohol es cada vez menor.

Entonces van quedando el carbón y la leña como combustibles domésticos, pero el primero es un fondo exportable y el segundo no abunda en Cuba, especialmente en las zonas urbanas. Así, muchas personas se ven obligadas a “cazar los alumbrones” para elaborar los alimentos que consumirán al otro día.

¡Y aquí viene el otro problema! Como Cuba es un eterno verano, esos alimentos habrá que conservarlos a bajas temperaturas, pero eso también necesita electricidad, de modo que existe el riesgo de que esos alimentos se corrompan antes de consumirlos, sobre todo, cuando el apagón ocurre todos los días durante largos períodos de tiempo. Este mismo problema afecta la conservación de los pocos productos cárnicos y lácteos, fundamentalmente, que se pueden adquirir.

Realmente es como para halarse los pelos.
¡Imagínense las personas que trabajan todo el día y en sus casas no hay servicio eléctrico de 5:00 a 11:00 por la mañana y en la tarde-noche! A ellas les toca debatirse, además, entre elaborar los alimentos o dormir lo necesario para la “pelea” del día siguiente.

Antes dije que Cuba es un eterno verano, por lo que un ventilador es prácticamente un producto de primera necesidad. Sin abundar en que ya no se venden en la moneda en que los trabajadores reciben sus salarios; si no hay electricidad, tampoco hay cómo refrescar el ambiente durante el sueño y si, encima, hay mosquitos, la cosa se pone más fea aún. Muchas personas tampoco conocen el horario de afectación, porque los programas radiales donde se informan son transmitidos durante un apagón. Incluso, si tienen un dispositivo móvil y pueden pagar un servicio de internet, este es tan malo, que les es prácticamente imposible conectarse cuando disponen del tiempo para ello.

Los apagones son un problema, también, para la economía familiar. Por un lado, los equipos de refrigeración son los responsables de la mayor parte del consumo del hogar y, por el otro, estos equipos son muy sensibles a las fluctuaciones de voltaje y a las interrupciones intermitentes del servicio eléctrico. Muchas horas ininterrumpidas sin servicio eléctrico implica más tiempo funcionando una vez que este se restablece. Cuando eso ocurre todos los días es como si, diariamente, se descongelara para limpiarlo. ¡Nada, y ese consumo extra, páguelo según las nuevas tarifas!

Mientras tanto, las interrupciones intermitentes, como ya mencioné, provocan roturas, cuya reparación o reposición muchas familias no pueden costear.

Como consecuencia de los apagones y otras causas, el pan nuestro de cada día lo mismo está, que no está, el dinero de las personas está atrapado en los bancos y cajeros y otro sinnúmero de producciones y servicios desaparecen. En el sector estatal, la gente tiene que estar en su puesto, aunque no pueda hacer absolutamente nada, lo que demuestra que en este país los salarios se pagan por estar y no por producir, en el mejor de los casos. ¡Eso, además de la pérdida de tiempo individual que representa, la apatía, la indolencia y la corrupción que genera, entre muchos otros males económicos y sociales, no hay presupuesto que lo aguante!

Con los apagones, los productores privados están en peor situación aún; ellos no disfrutan de la protección que, desde el presupuesto del estado, reciben los estatales. Ellos se las tienen que arreglar como puedan para generar los ingresos que les permitan pagar los salarios a sus trabajadores y los servicios que necesitan para hacer su producción, reaprovisionarse de materias primas, materiales e insumos y cumplir sus obligaciones tributarias.

Pero, por encima de todo, los apagones son una gran vergüenza para el partido/estado/régimen, porque demuestra su mala gestión continuada del presupuesto nacional, expresada en este caso a través de las pésimas políticas de inversiones durante más de 60 años.

Sin producción de bienes y servicios y causando tanto daño al pueblo, evidencian su incapacidad para cumplir su mandato constitucional de garantizar prosperidad para todos los cubanos. Sin producción de bienes y servicios se dispara la inflación que ya se había generado con el fallido experimento del «ordenamiento».

Sin producción de bienes y servicios no hay ventas por las que recaudar los impuestos que engrosan el presupuesto del estado y la seguridad social. Entonces, ¿imprimirán más billetes para poder pagar los salarios o quebrarán empresas y cerrarán oficinas? ¡No sé qué será peor!

Los apagones son una vergüenza para quienes dicen que Cuba avanza y a no sé quién le duele. También lo es para quienes apoyan a los que lo dicen. Hay que ser muy ciego para no ver que Cuba camina como el cangrejo, ¡pa’ trá! Hay que ser, mínimo, deshonesto, inconsciente e indolente o vivir en “otra” Cuba, para afirmar tal cosa o apoyarla.

En fin, el señor Díaz-Canel y su comitiva deberían escoger mejor los adjetivos que usan para calificar los apagones. La honestidad no cuesta nada y debería ser su mejor cualidad como dirigentes.

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